MALDITO DUENDE

Hé oído que la noche es toda magia, y que un Duende te invita a SOÑAR

Posts Tagged ‘amor’

Posted by Fernando Narvaez en noviembre 18, 2008

Lancelot by Ciruelo

Lancelot by Ciruelo

Quiero aclarar que no pretendo con esto dar lecciones de vida, ni decirle a nadie cómo tiene que vivir su vida o su muerte, para eso están los Bucay, los Stamateas, los Paluch y demás “Autoayudistas”. Al fin y al cabo, cada uno lo vive como puede o como le sale. De todas formas, ojalá, que este puñado de estupideces les sirvan a alguno/a por ahí que los necesite. Así me bebí mi cáncer…

  • Hablando vía messenger con mi honorable cuñado Romau:
    El tipo pretendía explicarme algo “obvio” en relación a la batería de la notebook que me prestó nuestra amiga Mariana, a lo que mi respuesta fue:
    – Escuchame una cosita, querido: Yo tengo cáncer pero no me volví pelotudo.
  • Tanta droga que me metieron mediante la quimio, por supuesto, me dejó pelado. Y descubrí algunas cosas:
    1. Es un mito eso de que no tenés calor en la pelada. Te transpira bastante y sentís la gota que te cae por la frente de la misma manera que si tuvieras el mejor peinado afro.
    2. Claro está que la gente no te reconoce, pero la cara de los que son pelados porque Dios lo quiso y no un tratamiento es de terror. Te miran como diciendo: “¿Otro pelado más?” ¿No sé quién cuernos les dió la exclusividad de la pelada?
    3. Es imposible que la gente te crea que recién te bañaste. De la misma manera te evitas las miradas inquisitivas y “pesquisadoras” que cuando llegás a la mañana con el pelo mojado te someten a la pregunta obvia y silenciosa: “¿De dónde venís?”
    4. La economía en champú y crema de afeitar se redujo de forma considerable.
  • Un deseo tonto: ojalá que a la oncóloga se le caiga un pelo por cada pinchazo que me hizo dar en estos cuatro meses… se quedaría pelada en 10 minutos. (Mentira… ella, el equipo de enfermeros del Henry Moore y el amor de mi esposa, mi familia y mis amigos, aportaron mucho para salvar mi vida)
  • Diálogo en Facebook (Reciente):
    FN (yo): Yo ya lo bajé al teléfono (hablando de un disco que acababa de reducir a Mp3)
    BB: Lo pusiste en el piso al teléfono? que incómodo!
    FN: Nah! Para nada, es un teléfono para cancerosos que viene con patitas y me sigue mientras canta.
    BB: Que original!
    FN: Original no… ¡Exclusivo!
  • Otra de Facebook:
    El estado de TY proclamaba: “Sin un peso”
    FN: La historia de mi vida. Pero tranqui… No me mató el cáncer, no lo va a hacer la falta de guita.
  • La ocasión de la reunión no viene al caso, pero en ella me encontré con mi prima y su marido. Excelente cocinero cuya una de sus especialidades es el pollo al disco.
    GDT: A ver cuando se vienen y hacemos un pollo al disco u otra cosa… ¡Hace un montón que no vienen!
    FN (Otra vez yo): Tenés razón, perdonanos, pero en los últimos cuatro meses anduve algo ocupado… (cuak)
  • Más de Facebook: La foto mostraba a cuatro amigos (yo incluído) pero con unos 18 años menos y, por supuesto, mucho menos panza en los cuatro…
    SL: ahí hay unos 50 kilos menos que ahora….
    FN: Descontá 18 que doné yo al cáncer… o sea unos 34
    MSC: El humor negro de mi marido, señores!
    BB: Y essssstaaaaá biennnnnn!!!
  • Vómitos 3 ó 4 veces por día durante el primer mes, bajada brusca de peso, llagas en la boca después de cada ciclo de quimio, falta de calcio e internación, falta de potasio, baja de plaquetas, baja de glóbulos blancos, baja de glóbulos rojos y transfusiones varias, principio de neumonía y otra internación, resecamiento de la piel y de los ojos, delirios nocturnos por el jarabe de morfina para evitar los dolores, una inyección de hierro por día durante casi 4 meses (al fin pasada a vía oral con todas las complicaciones que acarreará: cólicos y acidez), etc., etc., etc. Después de todo esto, la doctora me dice: “Es de la quimio. Hiciste todo lo del librito, no te faltó nada”
    FN: Siempre fui buen alumno. Si me tiro un pedo en el agua y no hace burbujas… ¿es de la quimio también?

Insisto… no pretendo hacer apología de la “autoayuda”, los que me conocen saben que lejos estoy del género (aunque bien conozco sus beneficios económicos).

Fue un primer mes de enfermedad muy duro, no podía comer y vomitaba todo el tiempo, bajé 30 Kilos y en un cuerpo de 80, creéme que se nota. Pasada esa etapa y en cuanto pude empezar a alimentarme, mi cabeza cambió, entendí que realmente me quedaban un par de cosas que hacer todavía por acá abajo: ver crecer a mi sobrino y tener mis propios hijos (por ejemplo).

Además conté y siempre voy a contar con el apoyo y el ejemplo de alguien que padeció esta enfermedad (aunque de otro tipo) durante muchos años y que nos abandonó, precisamente ayer, despues de mucho pelearle a este inquilino que no firma contrato y se nos instala sin preguntar y porque sí; desde acá vaya mi homenaje a mi Tía/Madrina. Loly: sé que me leeras en el ciberespacio del cielo y enterate que los que nos quedamos por acá, no estamos felices pero sabemos que, a pesar de nuestro egoísmo, aliviaste tu dolor. Vas a seguir cuidándonos y guiándonos siempre. Y como te dije una y mil veces: No me voy a dejar vencer. ¡Gracias por demostrarme que esta enfermedad de mierda no puede con quien no quiere!

Fernando A. Narvaez
Ilustración: Ciruelo

PD: Si bien no es un relato como el que seguro pretendía, quiero dedicarle este escrito a Tamara, que cumplió años el 11 de Noviembre y me pidió dos cosas: la segunda era un cuento, aunque no cumplí creo que esto tiene que ver más con lo primero que me pidio. Te quiero mucho ruluda.

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Proposición

Posted by Fernando Narvaez en diciembre 12, 2007

¿Y si nos amamos
en el silencio de una rosa?

Fernando A. Narvaez
Foto: Lady Blue

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Fermín Urquiza Devoto

Posted by Fernando Narvaez en diciembre 3, 2007

Fermín Urquiza Devoto había nacido en el año 1930 en una vieja casona situada en la esquina que formaban las calles Echeverría y Baunes del, hoy cada vez más poblado, barrio de Villa Urquiza. Cabe aclarar que su segundo nombre no es un apellido, sino que fue elegido por sus padres en honor al barrio que los cobijo cuando la inmigración los expulsó de su España natal y amada.

Los padres de Fermín, como una buena parte de los inmigrantes, llegaron a la Argentina con lo poco que tenían puesto, una valija llena de recuerdos y otra con miles de proyectos y sueños por cumplir. Cuando arribaron al puerto de Buenos Aires en un desvencijado barco de bandera española, Adela contaba con un avanzado embarazo que detonaría en Fermín a los tres meses de su llegada.

Antonio Devoto decidió probar suerte en América al instante de conocer la noticia de la pronta llegada de su único hijo. Con trabajo y tenacidad se forjó un futuro notable para su familia, convirtiéndola en una de las familias más adineradas de Villa Urquiza. Nunca se imaginó que todo los proyectos, sueños cumplidos y por cumplir se verían truncados apenas 25 años después de su llegada.

Camila Cevallos nació en 1934 y vivió toda su vida en el mismo barrio de los Devoto. Aunque de posición social más humilde (ya que era hija de un albañil y de la portera de una escuela) siempre supo que su destino era un amor eterno de esos que hacen historia y que, inevitablemente, estaban condenados a ser leyenda.

Camila paseaba del brazo de su madre cuando el camino la puso de cara al amor de su vida. Fermín Urquiza Devoto. Por ese entonces ella tenía apenas 13 años pero sintió a flor de piel la penetrante mirada de aquel muchacho que, con sus escasos 17 años tenía, dibujado en el semblante, las enseñanzas que el trabajo le da solo a aquellos que tienen que lucharla desde muy pequeños.

Para Fermín, la mirada de Camila fue su pan con dulce de cada mañana. Soñó cada noche y llegó a cada amanecer con el dulce sabor de los ojos verdes de una niña clara y resplandeciente.

Ahorrando historias de amor diez mil veces escritas, es oportuno indicar que ambos pretendientes consiguieron amarse a escondidas de ambos pares de padres (que como siempre en estos casos, por diversas razones se oponen) caminando por el barrio de Villa Urquiza escondidos entre la multitud de la avenida Triunvirato, con el apenas rozar de sus manos. Dos años transcurrieron ocultando el deseo de besar sus labios. Eran todo compañía y amor con la distancia que la época imponía.

Pero no hay amor que no se funda en la piel y no existen caricias que no se desintegren en un beso. La fría noche del 19 de junio de 1949 y, con la cálida luz que derrocha la luna en los barrios de casas bajas y de esquinas poco iluminadas, Fermín le acarició la mejilla y besó a Camila con un beso que, aún hoy, cantan los juglares del barrio.

Un joven catalán cantó años más tarde, que: “Amor no es literatura si no se puede escribir en la piel”, y es precisamente eso, lo que pretendían hacer al otro día los amantes. Derribar las barreras impuestas por el recato y las buenas costumbres; tomarían sus pieles como pizarra y escribirían.

La esquina elegida para el encuentro sería la de Nahuel Huapí y Capdevila a las tres de la tarde; de ahí se irían a una casita que tenía el padre de Fermín a pocas cuadras de ahí.

Cinco años pasaron hasta que Fermín supo que Camila había muerto encerrada en un convento víctima de la depresión. Cinco años fue el tiempo en el que Fermín no dejó de ir ni un solo día a las tres de la tarde a la esquina del malogrado encuentro. Abandonó su casa, su trabajo y sus estudios para dedicarse a la búsqueda infructuosa de esos ojos verdes que durante tanto tiempo le dieron color y calor a su vida.

La tarde del 19 de junio de 1955 a las tres de la tarde, con 25 años y con una puñalada en el pecho, apareció muerto en la esquina de Nahuel Huapí y Capdevila, el linyera del que nadie sabía el nombre, aunque pocos sabemos (ahora muchos más) que su nombre era Fermín Urquiza Devoto y que murió a causa de una puñalada certera que se pegó él mismo, cuando no soportó más la ausencia de Camila.

Hoy a 52 años, las mujeres de ojos verdes que pasan por esa esquina, se van con una rosa en la mano que nunca saben de donde les vino. Quizás hoy… se estén enterando. Se las entrega el fantasma de Fermín que jamás abandonó ni abandonará la esquina.

Fernando A. Narvaez

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