MALDITO DUENDE

Hé oído que la noche es toda magia, y que un Duende te invita a SOÑAR

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Posted by Fernando Narvaez en mayo 18, 2006

Filete“¡Jueves 19 de mayo por la noche! Es una buena oportunidad para sacar a pasear soledades e intentar envenenarlas con un café bien negro y con una buena dosis de compañía extraña, de esa que no conocemos y de la cual nos hacemos cómplices. Si eso no resulta, canjeamos el pocillo de café por una cerveza y cargamos contra las soledades nuevamente.”

Hace ya casi un año que escribí el texto que tiene como primer párrafo eso que está escrito arriba con cursivas y entre comillas. El texto se llama Recuerdos y tiene que ver con las cosas que tengo en la memoria acerca de mi niñez. La diferencia radica en que aún no es 19 y que, cuando al fin lo sea, en esta oportunidad no será jueves, sino viernes.

Es que un día antes de mi cumpleaños me da por vagar en los rincones del corazón. Estoy a escasas horas de cumplir 36 años y es un año un tanto particular. Y es así porque es el año del “bi-decanato” y las palabras de Gardel y Le Pera se me hacen añicos en el corazón al pensar que veinte años es demasiado tiempo sin que estés con nosotros. Este es el año en que se cumplen tantos desde que te tomaste el bondi al barrio de más allá de las constelaciones.

Te tengo malas noticias: si pensaste que nos íbamos a olvidar de vos, perdiste. No fue así, ni lo será nunca. Tal vez tenga ganas de ponerte al tanto de cómo han cambiado un par de cosas por acá abajo, sólo para que sepas de lo que te perdiste.

El mundo ha cambiado tanto que en tu Buenos Aires querido ya no existen los taxis Siam Di Tella y los furgones han dejado de ser Rastrojero. Han sido cambiados por Autos y Camionetas de última generación que hasta tienen reproductores de CD. ¿Cómo que no sabés lo que es un Cd? ¡No te hagas el boludo! ¿Viste los LP de Vinilo? Bueno, son iguales sólo que más chicos y plateados pero no usan púas sino un láser que lee los tracks. Ya sé que no entendés un carajo, pero sirven para lo mismo, escuchar música. Si pudieras escuchar los discos de Gardel “remasterizados” te caes de culo.

¿Querés que te cuente de los colectivos? Ya no tienen más esos boletos tan simpáticos de todos colores, ya no pude continuar con nuestra colección de boletos de numeración capicúa, pero espero entiendas que no fue mi culpa. El gobierno de turno de alguna lejana época los trocó por unas máquinas insípidas que al ponerle monedas te escupen boletos en papel de fax. ¿Qué es un fax? ¡No importa! Sigamos con los colectivos.

Tenés que saber que han matado el filete y le han dado vida a unas líneas gruesas con alguna curva en forma de ángulo de color acorde a la línea de ómnibus. Lo bueno es que ahora tienen rampas por las cuales puede ascender una silla de ruedas.

No todas son malas: San Lorenzo tiene cancha, por fin. No, no está en Almagro, está en el Bajo Flores. Y hasta hubo un año en el que salieron campeones. Ya nos hemos mudado de donde vivíamos con vos, pero a pesar de ser de River, una de las primeras cosas que puse en mi habitación fue un banderín de tu equipo. Es mi manera de homenajearte y de agradecerte la pasión que me inculcaste por la pelota.

¿Te acordás de cómo juntabas las monedas durante dos meses para llevarnos a mí y a mi hermana al Italpark? Es tremendo lo que voy a contarte pero desde hace unos años, ese hermoso lugar al que nos llevabas durante nuestra infancia, ya no existe. Hoy es un gran parque habitado por esculturas de gordos. Y esto es así porque hubo un accidente tremendo en el cual falleció una chica. Algún encargado de mantenimiento de las atracciones se olvidó de hacer su trabajo robándonos la niñez. Cosas que pasan y que, por cierto, no deberían.

Por mi parte yo estoy muy bien. He crecido acorde pasaron estos veinte años: me formé, me deformé, me volví a formar y aquí andamos. Me acuerdo del último cumpleaños que festejamos con vos; ahí estabas, haciendo alarde de que tu hijo había dicho en la mesa la palabra “globalmente” ¿Qué dirías hoy si supieras que tu hijo pretendió ser escritor publicando un libro? ¿Cómo te sentirías al conocer que hay al menos dos personas que admiran a tu primogénito por sus letras? A mí me sorprende, espero que a vos te enorgullezca.

Tenemos perro, se llama Toby y tiene once años, se parece mucho a vos, lo digo por lo negro y cabezón.

Tu hija está preciosa, ya tiene treinta y una vida brillante por delante al lado de su compañero: un hidalgo caballero funebrero que gracias a Dios la ama como ella se merece.

¿Y qué te puedo decir de la vieja? Nos dio vida dos veces: la primera cuando nos parió y la segunda cuando vos te fuiste. A ella le debemos demasiado y como buen hijo ingrato, hubo ocasiones en los que no le pagué los sacrificios como realmente se merece.

Si bien no me casé, digamos que estoy en la parrilla y a fuego lento, si bajás un poco en la pantalla podrás ver sus ojos, su mirada es escandalosamente bella. ¿No tenés internet? No importa, vos la ves desde otro plano, desde ese lugar donde monitoreas todo lo que hacemos.

Pasaron veinte años y estamos todos más viejos, más duros, más insensibles. La vida rueda y gira, la gente va y viene. Nacemos, crecemos y volvemos a morir en vida mientras nos preparamos para volver a nacer. Sentimos que caemos, nos levantamos. Y ahí estás vos: MI VIEJO, en mí, en la vieja, en mi hermana. En cada cosa. En cada lugar.

Es más el tiempo que pasó de no tenerte del que te tuvimos pero hoy, a pocas horas de mi cumpleaños tuve ganas de escribirte a vos. Para que sepas que no pasa un solo día en el cual no me asalte tu recuerdo. Y si bien tuve muchas broncas reprimidas por no tener la posibilidad de putearte en la cara, me siento feliz de ser tu hijo. Tu pibe. Y estas lágrimas que se piantan por el costado de mis ojos que me avisan que es hora de agradecerte cada FELIZ CUMPLEAÑOS que me mandas desde tu morada celestial.

Fernando A. Narvaez
Hijo del Baby (1935 – 1986)

Update 19/05/06: Vaya de parte del Duende, un saludo enorme para dos bloggers de categoría: Chiara Alice, bloggera italiana que supo traducir al Duende a su idioma. Y a mi hermano Neuquino Gons, quien ilustro con palabras la contratapa de mi libro. A los dos Feliz Cumpleaños y mil gracias por todo.

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Posted by Fernando Narvaez en junio 1, 2005

Como verás, el pibe está realmente loco. Hoy es domingo y mejor no te digo la hora. O sí. Te la digo. Son las ocho de la mañana. Y bueno ¿qué querés que haga? Hace más o menos dos horas que me sorprendieron las ganas de escribir y aquí estoy. O sea, me desperté alrededor de las seis con un ataque de “seudo” inspiración.

Ataque de inspiración. Como ya sabés me encanta la literatura, he leído bastante aunque no todo lo que quisiera, y como buen lector me encanta escribir. Pero como buen “pichón de escritor”, escribo sólo cuando realmente tengo un motivo y no por escribir. Y de un tiempo a esta parte estoy escribiendo demasiado seguido. Y eso me asusta, me bloquea. Me da temor tener un motivo, tener un motor, hacía mucho tiempo que no me nacía hacerlo y te juro que lo extrañaba.

De más está decirte o aclararte cuál o quién es mi motivo. Mi motor sos vos, claro. Gracias. Gracias por hacerme escribir. Gracias por demostrarme que por mis venas todavía corre sangre. Gracias por permitirme saber que todavía estoy vivo. Gracias por ser ese motor. Gracias por tirar a la mierda de un plumazo ese absurdo mecanismo de autodefensa que de lo único que me defendía era de no tener una nueva ilusión y de no permitirme pasar el tiempo pensando en alguien. Gracias por esta carta. Gracias por no proponerte nada de todo esto y, a pesar de ello, seguir dándome un motivo.

Tus ojos son un motivo, aunque más que tus ojos tu mirada. Tu sonrisa es el motivo. Tu voz es aquel motivo. Tu vos uno más. Tu presencia es un motivo. Tu ausencia otro. Tu presente ausencia o tu ausente presencia son un gran motivo. Tu indiferencia, tu diferencia. Tu brillo opacado por alguna pena. Tu pena opacada por tu propio brillo. Tu esto, tu aquello, tu lo de más allá. Tú. Tú. Tú. Vos misma, linda, en todos tus matices, en toda tu esencia. Todos tus tus. Mis mis. Mis mis en relación a tus Tus

Escribir, siempre fue para mí un medio de descarga. O sea, no lo hago sólo por vos, lo hago también y fundamentalmente, por mí. Necesito sacarme el diablo del corazón. Sé claramente que ésta no es la mejor manera, pero sinceramente no sé cómo separar el agua del aceite y siempre el hceho de volcar mis líneas en una hoja de papel fue mi único refugio, el lugar exclusivo donde encuentro las palabras que creo convenientes, y el único sitio donde entiendo que las palabras no se borran, en el papel. Muero por decirte todo esto mirándote a los ojos, pero no encuentro la manera de proponerte nada, llámese miedo escénico. Abiertamente, CAGAZO.

Para ir al punto. Me estás desarmando lentamente el decorado que me había armado, y lo que más me incomoda, es que sea justamente así: de manera lenta. Un decorado desarmado bruscamente puede desmoronarse por un huracán pasajero, por una calentura. En cambio cuando se desmorona por la erosión diaria come hasta los cimientos y deja marcas que son difíciles de borrar.

Esto es así de simple, como las Criollitas, desde que te conocí, no te voy a negar que la belleza se antepone ante todo, pero más allá de la belleza visual que obviamente percibí; fue como que recibí un mazazo en el medio de la nuca con el cual se me prendió una luz que me decía: “Warning” “Warning”, y pensé: “Esta es una dama peligrosa. De una mujer como esta me enamoro” (Sí, lo pensé y lo percibí sin conocerte) Traté de evitarlo segundo a segundo. Pero en un punto no quise hacerlo, y es ahí, en ese punto donde me enojo, pero no con vos, sino conmigo.

No te voy a contar mis historias tristes ni mis frustraciones, pero te juro que lo que menos quería es conocerte. Pero ahí estás, y no sé qué hacer para sacarte de mí. Probé tratarte mal y no sólo me sentía incómodo sino que también te dañé. Probé tratarte mejor y sentí que te podías agrandar y pensé que lo adecuado sería bajarte de un hondazo. Intenté no tratarte y fue IMPOSIBLE, viniste al rato nuevamente y yo que me había prometido no tratarte, me moría por decirte que estabas preciosa, me muero por decirte que sos bellísima, muero por agasajarte, muero por cuidarte, muero por mimarte. Aunque mejor dicho, vivo por vos. En tus ojos reconozco los míos, y en los míos cuando me miro en el espejo, veo soledad. Ojalá, por lo menos con vos, me equivoque.

¿Escuchaste que te hablara la piel en algún momento? La mía cada vez que te roza me dice: “¡Acá está loco, acá! ¡Es esta! ¡La de ojitos dulces! ¡EH! FER ¡La Rubia!” Y yo que me hago el sota y miro para otro lado. Pero hay cosas que no se pueden, ni se deben evitar. Y la piel es la piel. Se me prende fuego. No lo quiero evitar, pero a veces pensé, sin sentir, que debía hacerlo.

Ahora bien. Hay cosas que con 30 y tantos años no llego a entender. Hay enigmas que se presentan. Antes cuando compartíamos el espacio y nos veíamos prácticamente todos los días, cuando los roces eran algo prácticamente inevitable podía manejarlo mejor. Si bien tenía mis días de insoportabilidad, creo que lo llevaba de manera correcta. No entiendo por qué, a la distancia, todo eso se potencia. ¿Será la distancia? ¿Será el no saber si te voy a ver? Enigmas. Está bueno, si no hubiera determinadas cosas sin respuesta, no creo que podamos mantenernos vivos. Considero a esos interrogantes como una buena bocanada de aire. Aunque, realmente, no conozca el cómo administrar ese aire y hacerlo verdaderamente placentero.

Una vez, no recuerdo bien, pero alguien me dijo que yo podía hablar del amor porque había estado enamorado, a lo cual le respondí: “¿Y a vos quién te dijo que yo estuve enamorado?” Si bien fui agraciado con el amor más puro que puede tener una persona, el de dos nenas que hoy ya no están conmigo, creo que NADIE puede hablar del amor. El amor se presenta de distintas formas a lo largo de la vida, yo no sé si estuviste o estás enamorada, pero siempre creemos que nunca nos enamoramos como lo estamos ahora, hasta que viene él y se nos muestra de otra manera, en otra gente, en otras cosas. ¡Pero! ¿Qué estoy haciendo? Dije que creo que NADIE puede hablar del amor y yo, que todavía soy ALGUIEN estoy hablando de él. Soy un irrespetuoso.

Fernando A. Narvaez

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Carta a Romina

Posted by Fernando Narvaez en abril 9, 2005

Buenos Aires, Abril de 2005

Romi:

¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Bien? ¡Buenísimo!

Vos dirás: ¿Y a éste, qué le pasa? Yo te contesto: Nada me pasa, solo que las extraño, a vos y a tu hermana. No lo puedo evitar.

Antes que nada quiero aclararte que está muy lejos de mí el hecho de ofenderte o de faltarte el respeto, espero que esto no lo tomes así, simplemente es el medio para decirte algo que tengo ganas de decirte hace mucho tiempo. Elegí un medio que si bien no es el apropiado es el único que encuentro para decírtelo, dado que la vida, el egoísmo y mi torpeza, siempre juegan en contra de la gente ¿Sabés qué pasa? Después de mucho tiempo he aprendido que las cosas no hay que guardárselas porque se pudren dentro de uno y generan una especie de catarsis interna dentro del organismo que nos hacen derivar en gastroenteritis agudas, cólicos renales, cánceres de próstata, etc. O simplemente, nos quedamos con las ganas de que la gente sepa lo que nos pasa, cuando en realidad lo que necesitamos es eso, que aunque más no sea, “una” persona se entere, y no quedarnos siempre y eternamente, con las ganas de haberlo dicho o hecho.

Empezó Abril otra vez, y como cada año, no puedo evitar acordarme de vos para estas fechas, estás por cumplir 11 años. ¡Once años, Romi! Ya sos una dama, me acuerdo de cuándo te conocí. La tarde de magia, el pelotero de Mc Donalds, vos eras muy chiquita, no creo que te acuerdes, tenías 5 añitos. Estoy por cumplir la módica edad de 35 años y así como me he guardado cosas que ya es tarde para decirlas o hacerlas, también he hecho o dicho otras sin pensarlo (y sin sentirlo), como dice Sabina:

“Por decir lo que pienso sin pensar lo que digo,
más de un beso me dieron y más de un bofetón.”

 

Eso se llama impulso, fui muy impulsivo durante mucho tiempo, luego me volví más calculador, más tarde traté de combinar ambas cosas intentando identificar cada momento y cada gente para saber cómo actuar. Y es como un sube y baja, me ha ido bien, me ha ido mal, me ha vuelto a ir mal y otra vez mal, etc.

En estos casi 35 años he perdido un montón de cosas y he ganado muchas (casi una persona normal) y son justamente las cosas que he ganado que, por más que ya no estén, son las que me mantienen vivo y las que me impulsan. Tu risa, tu abrazo, tus lágrimas, el recuerdo de los juegos. Pero bueno, a esta edad, uno se imaginaba de otra manera, pero gracias a Dios vivimos en este bendito país, en el cual hay gente que no trabaja hace años. Yo estuve sin trabajo estable cerca de 3 años, fue en esa etapa, en la cual perdí parte de mi historia. Pero no te voy a andar contando mis historias tristes, Romi. Y, por ahora, no te voy a hablar más de mí.

Yo quería decirte algo y voy a hacerlo. Y es que en estos tiempos duros que corren y en los cuales tenemos que tener el cachete lo más alto posible, donde todo nos cuesta cuatro veces más, dónde sacarle una sonrisa a alguien se cotiza en dólares y dónde sentirse mimado es un suplicio.

Es verdaderamente grandioso, levantarse a la mañana, salir a trabajar, y que el recuerdo de tus risas y las de Roci aparezcan siempre y me digan: “¡Hola Fer!”

Es altamente digno de ser agradecido, el hecho de haberme ganado tus risas durante no más de 10 segundos. Y te dije que las cosas que he ganado son las que me mantienen vivo, mucho más cuando son tan pequeñitas, una sonrisa, ¡Qué grandioso! Suena hasta paradójico. Pero tiene razón Serrat:

Aquellas Pequeñas cosas

Uno se cree,
que los mató el tiempo y la ausencia,
pero su tren,
vendió boleto de ida y vuelta.

Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas,
en un rincón, en un papel o en un cajón.

Como un ladrón
te acechan detrás de la puerta,
te tienen tan a su merced
como a hojas muertas
que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y
nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.

Bueno Romi, yo simplemente quería agradecerte eso, si bien sé que no lo hiciste adrede, también disfruté de la espontaneidad y el hecho de que no te hubieras dado cuenta de lo feliz que me hacías, es eso lo que quiero agradecerte: La espontaneidad de 10 segundos por día. ¡Gracias… Totales!

Tal vez algún día nos crucemos, por la calle, posiblemente alguna tarde nos podamos mirar a los ojos, ojalá tengas la oportunidad de decirme todo lo que tengas ganas mirándome a los ojos. Ojalá, posiblemente, tal vez, algún día puedas leer esto. Posiblemente, tal vez, ojalá, no tenga que escribirte más y pueda decirte y gritarte de una buena vez ¡FELIZ CUMPLE, ROMIIIIIII! Tu risa me acompaña todos los días, hoy mi realidad es otra, la realidad de todos es otra, pero nunca voy a estar lejos tuyo, aunque no me veas, quiero que tengas claro que no me fui. Para mí, es como te dije antes: hay pequeñas cosas perdidas que en su momento gané y me hicieron feliz, de esas cosas me alimento a diario, y si bien, hoy, no tengo tu risa, yo Flamingos, me he prometido a mí mismo, cuando estoy un poco triste, acordarme de esos diez segundos que durante alguna mañana me regalaste (sin quererlo)

Te dejo un beso re-grande, perdón por la molestia y la impertinencia. Una vez más y como cada año ¡Feliz Cumple, Princesa! Nunca vas a dejar de ser “mi Princesa”

Fernando A. Narvaez

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Carta durante una Espera

Posted by Fernando Narvaez en marzo 27, 2005

Es todo demasiado loco. Lo digo por el tiempo. De un tiempo a esta parte y haciendo valer la implacable redundancia parece pasar demasiado lento y, a la vez, es como si hubieran pasado un par de decenas de años. El tiempo tiene la extraña facultad de hacerse sentir pesado o demasiado denso cuando la ansiedad devasta nuestro corazón. Pero cuando finalmente estamos dentro de lo que ansiamos, sentimos que todo ese tiempo, lento, pesado y denso no existió. Quizás deberíamos aprender a controlar la ansiedad y no echarle siempre la culpa al tiempo.

¿Sonará el teléfono…?

No sé quién sos pero te conozco hace demasiado tiempo; sin caer en el lugar común de decir: “tal vez en una vida anterior” ¡NO! No diría eso, pero te tengo sentida de otra parte, tal vez no de una vida anterior pero sí de una vida paralela. Tu risa yo ya la disfruté y necesito más, tu beso en el punto justo, tu caricia en el lugar indicado, tu roce que me estremece diabólica y delicadamente, tu suspiro al dormir, tu piel fundida con la mía, el universo todo en tu ombligo desafiante de las constelaciones y la magnificencia de tu pelo. Las ganas de abrazarte que aparecieron cuando me llamaste yo las tenía desde antes de las mismas ganas.

¡Ya suena! ¡Ya suena…!

Yo, en alguna otra parte, ya tuve ganas de abrazarte, sólo que ahora te identifico, tenés forma, tenés voz y tenés letra. Como dice el Noble Iván: “¿En dónde estabas cuando no estabas?¿En qué calles no te crucé?” Cito frases de tipos que nada tienen que hacer acá, pero tiene que ver con identificarse y darle determinada interpretación a lo que dijeron o escribieron otros.

Estoy esperando tu llamado…

¿Tenés idea las ganas que tenía de corporizarte? ¿Tu conciencia es consciente de todo lo que te soñé? ¿No te asusta el hecho de que haya un hombre que piensa en vos las veinticuatro horas del día? ¿Sabías que ese mismo sujeto te ama con locura? ¿Sabés que éste que escribe desea ser tu felicidad?

¡Ya sé! Será un mensaje de texto en el celular ¡Ya lo prendo…!

Ahora que por fin te convertiste en algo tangible. Ahora que me llamás a la mañana para desearme un buen día, siento que no todo fue en vano, siento que el haberme encerrado durante un tiempo como el chico de The Wall, buscando el sol en un agujero del techo, tiene por fin su recompensa. Hoy agradezco cada una de las piedras en el camino. Doy gracias a cada una de las mujeres que me negaron su beso o me dejaron estancado junto al agua de alguna zanja, ya que me hicieron llegar, rebotando contra las paredes del flipper que es la vida, hasta tus ojos, en los cuales hallé la felicidad tantas veces soñada.

¡No! Mejor enciendo la computadora por si llegás disfrazada de correo electrónico…

Yo no sé a qué, ni por qué, ni para qué te presenté a mi yo, pero ahí estás, o mejor dicho ACÁ ESTÁS, y es un muy buen excelente valedero significativo apropiado grato descabellado brillante superfluo imperdible estupendo encantador sublime agraciado revelador conveniente legítimo e insoslayable motivo para descorchar un buen cham-pan y brindar. Brindar por ti, mujer y porque vuelen los ángeles.

Sigo esperando el timbre…

Una vez escuché por ahí que alguien entregaría la mitad de su reino por lograr un objetivo. Mi alma de tahúr me lleva por el “doble o nada”. Mi reino entero por éste presente cada vez menos ausente, por tu risa, por tu abrazo, por tu beso, por tu caricia, por tu roce, por tu suspiro, por tu piel y por tu universo. Mi reino por y para compartirlo con usted, Milady.

Ring… ring… (mi cuñado)

Ya no espero…

Paro un poco, me pongo a pensar y me imagino tu ombligo. Dan ganas de hacer un bolsito con un par de remeras, dos calzones, una media, tres paquetes de cigarros, dos gaseosas y mudarse a ese paraíso; tirarse a la sombra de ese aro prometido y ¡Qué explote la galaxia! ¡Misión cumplida!. Las montañas al norte, deben darle al paisaje una visión que jamás se ha visto en ningún documental de la National Geographic, la humedad la imagino en un 98%, el viento debe de soplar del sur con un aroma a piel mezclado con el perfume sensual de tu sexo refrescando así, los pulmones viciados por el tabaco y el aire del resto del planeta, y la temperatura ¡LA TEMPERATURA! En ascenso, el lugar ideal para dejarse morir. García Márquez dice: “Lo único que temo de la muerte es que no me permita morir de amor.” Y en ese edén ¿Cómo no morir a merced de él?

No sonó, no hubo mensaje de texto, no hubo mail…

No importa. Me voy a dormir. Evidentemente hoy me quedo sin un poco más de inspiración. No hablamos. Será mañana. Mañana estaré vivo nuevamente y más vivo que hoy seguro.

Fernandon A. Narvaez

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