MALDITO DUENDE

Hé oído que la noche es toda magia, y que un Duende te invita a SOÑAR

Posted by Fernando Narvaez en enero 22, 2007

Bartolomé González era trompetista. Tenía profunda admiración por Louis Armstrong y soñaba tocar alguna vez como Miles Davis. Vivía en la zona de Villa Urquiza y tocaba su trompeta en algunos bares de lo que antes se conocía como Palermo Viejo.

Lo conocí como se conocen las grandes cosas, de casualidad. Fue en uno de esos lugares, tenía el pelo tan blanco que denotaba, claramente, cada uno de los muchos caminos andados y conjugados con las notas de su trompeta.
Era un virtuoso de su instrumento, coloreaba con climas cada uno de los rincones inhabitables de los tugurios en los que nos esculpía su música. Te juro que volabas a todos esos lugares en los que soñaste estar y, si osabas cerrar los ojos ante su música, podías despertarte de golpe en un paraíso de sensaciones jamás descubiertas.

Fue un sábado por la noche cuando lo vi errar en más de una nota ante la mirada penetrante de Nayla; una morocha de ojos verdes y pechos impactantes.
Veinte años menor que él, lo atrapó en las redes del deslumbramiento y le mostró el camino a la recuperación de la juventud que creía perdida. De más está decir, que Bartolomé se enamoró perdidamente.

Desapareció de los lugares habituales y no volvió a los bares. Supe más tarde que se había ido a vivir con la morocha a su casa de la calle Nahuel Huapi. Sólo tocaba para ella en el living de su casa.
Tuve la suerte de pasar una tarde por su ventana y escuchar su trompeta, no cabían dudas, era Bartolomé. Pude ver a Nayla recostada en el sillón disfrutando como reina exclusiva del edén musical.
Comencé a presenciar sus mini recitales de manera clandestina, escondido entre los malvones de su jardín y a la sombra de su parra.

Pasaron tres meses desde su desaparición pública y una tarde fría de agosto, su trompeta, también desapareció de la casa de Villa Urquiza. Otra vez, no volví a saber de él.
En septiembre, al asomar el hocico de la primavera, me lo encontré por la calle. Iba desalineado en su aspecto y con su trompeta oxidada en la mano. Intentaba tocar algún tema de Miles Davis, pero era inútil. Su música lo había abandonado. Lo miré desde la vereda de enfrente cuando escuché que un pibe le decía a otro en la vereda: “Ahí va el loco de la trompeta”
Me crucé al instante y le pregunté cómo andaba. Me dijo que estaba en su mejor momento, que la vida no le sonreía pero sí, se le cagaba de risa. Nayla se había ido con un muchacho de su edad y que él comprendiendo que el amor, si bien no tiene edad combina mejor en la contemporaneidad, la dejó ir. A cambio, él paseaba por el barrio tocando para ella todo lo que le gustaba y la hacía vibrar. Al fin y al cabo, decía, ella puede aparecer en cualquier esquina.
Hay gente que cuando pierde el amor se le da por escribir, encerrarse, salir a bailar, buscar reemplazo o bien, como a él, tocar la trompeta por la calle. La gente lo tomó por loco sin comprender jamás, que lo único que Bartolomé hacía, era musicalizar la ausencia de su amor.

Pasaron dos años de ese día y hoy supe que Bartolomé falleció hace un año y medio. El loco de la trompeta murió, dicen los médicos, de muerte natural. Yo sé, después de haberlo mirado a los ojos, que murió de tristeza.
Cada tanto paso por la casa de la parra y los malvones y te juro, que sigo escuchando su trompeta.

Fernando A. Narvaez

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17 comentarios to “”

  1. Leblues said

    Bueno, hoy por kasualidad llegue aki, y me kede un tanto pegada, y este último eskrito me gusto, kizas por lo de loko, kizas, por ke justo leo la lokura de Haller, kizas, por ke de kuerda no tengo nada,en fin, se dice, se rumorea, ke los lokos somos akellos ke vivimos un mundo ajeno,…ke yo de este mundo frivolo no kiero nada, ke la lokura mata… y yo aun vivo, solo espero ke algun dia me eskriban unas letras komo las tuyas, rekordando al loko de la trompeta por lo ke era, y no por lo ke se decia, Felicitaciones, desde El Monte de Chile, un beso y os seguire leyendo…
    Leblues

  2. ana yalour said

    Las mudanzas generan caos. Revivimos en cada objeto desparramado por el piso. Lo re elegimos para cargarlo en una caja o lo deshechamos y va a la bolsa. Partes de nuestra vida. Astillas de uno mismo.
    Gracias por insistir con este relato. Le puso mùsica, magia, locura a mi mañana.
    No me importa que ahora no pases, porque estàs.
    Un beso

  3. So said

    Fer, te felicito una vez más. El relato de Bartolo me transportó, me encantó. Te abrazo, Sonia.

  4. MeyLy said

    Hola Fer, solo he pasado para dejarte un abrazo caluroso.
    Espero todo vaya muy bien por ahí 🙂
    ¡Cuidate mucho!

  5. tony said

    Eh maestro, veo q` te gusta el jazz, un tema más para el café q` tomaremos

    Abrazo de agua

    Tony

  6. Lau said

    Fer: que te sea leve lo de la mudanza, siempre es: clasificar esto, lo otro, de más allá;qué hay para envolver, qué para tirar a la basura…etc, etc, etc.
    Por otro lado “chas gracias” por lo de la pizza!!!:D
    y pa’ variar te digo que me gustó mucho lo del loco de la trompeta…besotones y me alegro mucho que ya prontito sea la boda!!! Lau 😀

  7. La nostalgia que desearma al recuerdo se rearma en buenos aires.

  8. freyja said

    QUE HERMOSA LA HISTORIA Y QUE TRISTE
    LA TRISTEZA MATA EL ALMA
    BESITOS Y UNA LINDA SEMANA

    BESOS Y SUEÑOS

  9. |µ¢¥ƒé® said

    Hmm sigo pensando que de amor nadie se muere pero por lo menos agoniza un tiempo
    xalu2 🙂

  10. gons! said

    No jure que le creo.
    Usted sabe de qué hablo.

    Por suerte existe siempre la posibilidad de reconciliarse.

    Hermoso texto amigo mío, como siempre, con su toque personal que denota magia en las palabras.

  11. Diogenes said

    Estuve posteando mi sitio en blogdir.com y buceando un poco entre los blogs promocionados di con el tuyo. Serìa bueno poder dejar partir asi tan fàcil al amor, tener esa comprensiòn en ese acto que es a la vez sublime e inevitable. El amigo Bartolome entendiò lo inevitable y se le paso lo sublime, asì es como uno se gana el tilde de loco y el loco que nos tilda anda suelto por ahì.
    Si andas con ganas me gustaria que pases a visitar a Nelson Olsenn.
    Un abrazo.

  12. Olga said

    Preciosa y triste historia. Muy bien narrada. La tristeza, esa huella que en nuestras manos abandona la felicidad cuando, sin saber cómo ni por qué, la perdemos. Un beso fuerte, héroe.

  13. malena said

    El blues es mas que un sonido, lo entiendo perfectamente a Bartolome.
    Aun mueren de tristeza, ciertos hombres, por unos ojos verdes y unos pechos impactantes, mas aun si vive en Buenos Aires.
    Tu texto me impregno de magia, feeling, amor.

    Escucho “Dizzy Atmosphere” y pinto a Bartolome en mi alma.
    Gracias por hacerme volar.

  14. lully said

    mmmm me hiciste suspirar… eres un hèroe en letras, es triste saber que he tenido hombres que han muerto con la ilusiòn de tener mi amor…Asi es la vida.
    Un abrazo afectuoso!

  15. Yo en vez de ‘reedicion’ lo llamo ‘refritar’. Solo que en vez de mis escritos, estoy refritando comentarios, algunos que me parecieron muy buenos como para quedar en segundo plano y ahora salta a la pagina principal.
    Ademas, estoy atravesando algunos momentos duros y no estoy de animo para escribir mucho ni para reescribir el material perdido

  16. danonino arriba rriba!!!! said

    animo

  17. Calletana Farola said

    muy muy bonito el relato. Me gusto sobre todo, porque yo tambien toco la trompeta, pero mi historia, de momento, es diferente, jeje, xau.

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