MALDITO DUENDE

Hé oído que la noche es toda magia, y que un Duende te invita a SOÑAR

Jesús Gómez (Colectivero)

Posted by Fernando Narvaez en junio 4, 2006

Monedero Desde muy pequeño tuve la ilusión de tener mi propio colectivo. Mi viejo me llevaba a todos lados en bondi. No importaba el lugar al que fuéramos, la magia radicaba en el mundo del colectivo en sí mismo: la máquina de la cual los choferes cortaban los boletos, los monederos de 4 ó 5 tambores y las cajas de madera con tapas para poner sobre los billetes desde los cuales te daban el vuelto.

La decoración del colectivo: los banderines del equipo del que fuera hincha el chofer, los nombres de los familiares del mismo tallados en los espejos, el imán de la Virgen de Lujan, los filetes, el dado que coronaba la palanca de cambios y las dos barras en la trompa a modo de bigotes de gato.

El espejo redondo y convexo, delator del descenso del pasajero, colocado estratégicamente sobre la puerta trasera.

Los carteles en la base de las ventanas: “No escupir ni salivar en el suelo”, “Prohibido sacar los brazos por la ventanilla” y “Prohibido abrir la ventana en época invernal o de baja temperatura”

De muy chico había prometido cortarle al Duende, el boleto capicúa que completaría su colección. A cambio de eso, él escribiría mi historia.

Jesús Gómez

Jesús Gómez ansiaba ser colectivero desde muy chico. Imaginaba un mundo maravilloso sentado en la butaca hilvanada de cables, y adornada con algún almohadón comprado en “La boutique del chofer de bondi”.

Creció y evaporó su infancia en suaves fantasías. Fantasías en las cuales, llevaba a toda su familia a distintos destinos. No le interesaba manejar un “Larga Distancia” él quería ser chofer de la 41 y hacer su recorrido desde Munro hasta Plaza Once.

A los 40 y después de haber sido gerente de una empresa durante 15 años, Jesús se quedó sin trabajo. Nunca tuve muy claro si se fue, o si sólo dejo de estar y decidió irse. Porque quedarse no es estar y él hacía mucho tiempo que estaba… pero en otro lado.

El caso es que sintió que estaba en una etapa de su vida, en la cual, lo mejor sería disfrutar de ella.

Jesús tiene una esposa maravillosa y dos pequeños hijos que alumbran cada instante de su salvación, si ellos no existieran en su vida, él ya hubiera abandonado el partido hace mucho tiempo. Se había quedado sin trabajo y se prometió que no iba a fallarles.

Dejó su auto en el garaje y comenzó a viajar en colectivo. Consciente de su edad y de la dificultad que esto representa para conseguir empleo, puso en práctica sus atributos de “vendedor seductor” para ganar el corazón de algún chofer de la 41.

Habló tanto con los choferes durante 3 meses, que hasta los pasajeros lo conocíamos. Había dejado de viajar en colectivo hacía algo más de 10 años y descubrió que la imagen que tenía de ellos había cambiado bastante. La primera desilusión fue cuando subió con su billete de $5 y tuvo que bajarse a conseguir monedas. Habían cambiado los monederos de antaño por “monederas” modernas en las cuales, sus visores electrónicos, lo invitaban a Jesús a “indicarle su destino al conductor”. ¡Ni que fuera vidente! – pensaba mientras compraba en un kiosco un paquete de cigarrillos, con otro lleno en el bolsillo de su campera.

Ya desde su auto había advertido la escasez de filetes y, una vez dentro, vio que ya no estaban los espejos convexos de la puerta trasera y notó que los dados de las palancas de cambio, habían sido jugados en alguna mesa de no se sabe qué casino del triángulo de las Bermudas, puesto que habían desaparecido. Las cajas de cambio de los bondis ahora son automáticas.

Yo tomo el 41 todos los días para ir al trabajo; esto de escribir, por ahora, no deja dinero. En uno de esos viajes conocí a Jesús. En uno de esos viajes, Jesús se enteró que la empresa estaba tomando choferes. El “Negro” López, conductor del interno 24, le había conseguido una entrevista con el jefe de personal. Si bien no era nada concreto, Jesús lagrimeó la emoción de jamás haber estado tan cerca de su sueño.

Pasaron varios meses hasta que volví a verlo. Iba sentado al volante del interno 41 de la línea 41 y tenía… 41 años. Como un destello del destino, el sueño conspiró en números y se hizo carne en la piel de Jesús.

Su familia, cómplice del sueño cumplido, resignó horas compartidas ya que, el nuevo trabajo, le ocupaba buena parte del fin de semana y, en ocasiones, muchas horas nocturnas.

Él era feliz dentro del mundo que había soñado de pequeño y siempre le buscaba el lado positivo al asunto, por ejemplo: Cuando le tocaba trabajar los fines de semana de madrugada, él veía cómo subían los jóvenes a las 6 de la mañana a la salida del boliche. Sufría al imaginar a sus hijos en el estado de alguno de esos menores. Muy lejos de prohibirles las salidas, Jesús sabía que gracias a esa vista, les permitiría las experiencias pero les marcaría los límites de los excesos.

Hace 2 años que Jesús es colectivero y yo, ocasionalmente, su pasajero (cuando subo a su coche él no me cobra)

Jamás me cortó ese boleto capicúa que incompleta mi colección. Pero él es feliz y yo, que no puedo dejar de perseguir mi sueño, estampo el de mi amigo y lo pongo en palabras, porque no hay promesas incumplidas cuando ya no quedan boletos que cortar.

Maldito Duende

N del A: Va en homenaje a todos aquellos que persiguen y cumplen sus sueños, uso la figura del chofer de colectivo a pedido de mi compañera de trabajo Mariana y porque siento que los escritores, somos un poco colectiveros: llevamos al pasajero/lector por un recorrido/texto predeterminado por nosotros o por alguna fuerza ajena a nuestra persona y, los pasajeros/lectores pueden optar por qué colectivero/escritor los acerca mejor a su destino.

Fernando A. Narvaez

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23 comentarios to “Jesús Gómez (Colectivero)”

  1. TAMARA said

    Cuantos Jesuses de 41 años habrá corriendo atras de sus sueños?
    Sé que esta es una historia pero el hecho que en la misma alguien lo haya logrado..da aliento…pa seguir…vio? don escritor….
    Le mando un abrazo…desde el bondi…109 saltando al 100 recorrido Nº3…por ahora…

  2. So said

    Cuando tenía cinco años mi abuelita me llevaba a todos lados en colectivo. ¿Y sabés qué hacía cuando tenía que ir parada? me ponía al lado de alguien que estuviese sentado y le
    preguntaba “inocentemente”…¿le falta mucho para bajar? jajaja.
    Para mi, el viaje en Bondi es un descanso, un oasis, ahí si que soy anónima…
    Me emocionó mucho el relato, siempre con la dulzura de tus palabras.
    So.

  3. gons! said

    Excelente relato Fer. Increíble como siempre. Somos el chofer de un colectivo, que paradojicamente, nos conduce por el camino de la vida. Paradojicamente porque, a veces nos damos cuenta de que éramos choferes y no pasajeros, justo cuando el colectivo está llegando a su destino final…
    Un abrazo Fer, gracias por regalarnos semejante escrito, sin duda alguna es un muy buen alimento para el alma.

  4. Ç said

    Me encanto. Duende cada vez hay mas magia en sus relatos. Un beso.

  5. TAMARA: Creo que Jesuses somos todos y hay muchos que logran cumplir su sueño más allá de ésta historia. BESAZO

    SO: Las cosas de la Abuela… me encantó. BESOS

    GONS!: O no viene en meses o ¡me aparece un domingo! Bienvenido, hermano. Y ¿cuántas veces nos sentamos de que somos el chofer y no sabems nunca donde vamos a terminar el recorrido? Me hace sentir Coelho con lo del “Alimento para el alma” ABRAZÓN

  6. Ç: Digamos que más práctica seguro, pero magia… me halaga. Ése es mi sueño, el de la magia en los textos. Ojalá llegue, pero tenga claro que aunque así no sea… lo intentaré siempre. Mil gracias. BESOTE

  7. so said

    Fer, sabés qué? Era yo a esa temprana edad la que quería zafar de ir parada!!! (no mi abuela).

  8. SO: AHHHHHH!!!!!! Le entendí cualquier cosa, es el halzeimer precoz, sepa disculpar. BESOTE

  9. Romau said

    Gustóseme!!!
    Yo conocí bondero de apellido Gomez, pero que era chofer de la 108 (cuando era 108 antes de ser 21 y volver a ser 108) Me llevaba al colegio y me chiflaba para despertarme, cuando tenía que bajar!!! Un grande!!! Después se hizo careta y se mandó a manejar un tacho…

  10. Nostalgia said

    excelente texto ♥
    la nostalgia por el colectivo andaba dormida…hasta que llegué aquí…
    beso ♥

  11. So said

    todo bien, lo que pasa es que aún no me conocés…desde pequeña era una una antenita caminando…y vaga porque quería usar el asiento de las viejitas!
    beso, so.

  12. Marian said

    Buenísimo x Mariana q te insistió q contaras esto y de esta forma tan particular q lo hacés.
    Cuantas personas hoy en día están dejadas de lado x la edad, x la competencia, x la sociedad misma… Todo el tiempo están ahi perdidos, mirando pasar la vida , sin q casi nadie les de una solita y chiquitita posibilidad de expresar sus saberes y su dedicación plena. Hay muuuchos y es triste. Están a la mitad de la vida cronológica y ya discriminados totalmente, xq el avance es atroz, tecnológicamente hablando y les resulta difícil…
    pero tb ya no se valora la edad, la experiencia, los buenos tratos…
    … creo q hay una crisis de valores
    q se ve reflejada en estos hechos de vida.
    Me encantó.
    Un beso Fer.

  13. Emma said

    Me encantó esta historia, Duende! (y la comparación colectivero/escritor).
    Tenía 9 ó 10 años cuando pusieron las máquinas para sacar boleto, pero todavía me acuerdo de muchas de las cosas que cuenta =)

    Besos, Duende!!!

  14. ROMAU: ¿Gustósele! ¡Joyasssss! Y no se dice “bondero” es: “Bondivero” Ok!, empliá vien el kasteyanos! SALUD

    NOSTALGIA: Espero que los recuerdos sean tan buenos como lo bueno es tenerla por acá. BESAZO

    SO: ¿Y le parece bonito? BESOS

    MARIAN: ¿Sabe qué pasa en muchos casos? La inexperiencia es mucho más económica que la experiencia, me ha pasado de ir a buscar laburo y que me digan que “NO” porque mi currículum era demasiado, y que no lo podían pagar… yo estaba cagado de hambre y no me importaba. Eso con 30 años… imaginesé a alguien de 50. BESAZO

    EMMA: Cosas mágicas que el modernismo ha exiliado. Voy a ver qué mail me dejó hoy (me divierten mucho, un día quizás los publique) BESOTE

  15. Maravilloso es cumplir los sueños, llevarlos adelante, cosas simples pero inmersas en belleza.

    Lo imagino manejando el colectivo, silbando un tanguito arrabalero.

    Mi cariño Sr. pasajero.

  16. MALENA: Ooops! A Jesús le gusta el chamamé. BESOTE

  17. Pasajera said

    Diálogo entre Jesús y una pasajera:
    – Un día te hice una pregunta y tu respuesta se hizo eterna en mi cuerpo.
    – Y otro día la respuesta se corporizó y se hizo pregunta en el cerebro.
    – Y asi, pasan los días y la misma pregunta nos pregunta.
    – Formulas preguntas con semilla de respuesta.
    – Si me respondes aumentarán las respuestas.
    – Entonces no te respondo.
    – Pregúntame entonces, que seré sólo respuestas.

  18. GUADALUPE said

    Sitio exacto para reinventar palabras e historias el colectivo de cualquier lugar del mundo….ahi mismo rodando dentro del sueño de alguien podemos dar rienda suelta a los nuestros…..
    SALUD POR LOS QUE PERSIGUEN SUS SUEÑOS
    BESO ILUSIONADOSOÑADOR

  19. Maguila said

    Yo tambien queria ser colectivero por los monederos y las maquinas de cortar boletos, ahora con las maquinas nuevas (alla expendedoras de boletos, aca “Mendobus” a los Subte), los cortes de ruta, los afanos violentos, etc. el sueño perdió su atractivo, no obstante me sumo al brindis de Guadalupe “Salud por quienes persiguen sus sueños”.
    Abrazo para usted Duende. Como siempre genial lo suyo.

  20. Uma said

    A mì me ha encantado la metàfora del escritor, ahì si hay filete y del bueno, uno recrea la vista en el paisaje donde el lector nos posa (como usted siempre).
    Me acuerdo del colectivo de antes, de mis viajes hacia ningùn lado con el 132 de suspensiòn neumàtica de terminal a terminal…uno difrutaba con muy poco.
    Ahora disfruto de ese recuerdo.
    Bello post, bello homenaje.
    Un besazo de trufas:)

  21. GUADALUPE: Brindemos, entonces: ¡SALUD! y BESOTÓN

    MAGUILA: Es cierto lo que dice, si hoy llevaran la plata suelta, como lo hacían antes, creo que él índice de colectiveros asesinados por 15 pesos sería insoportable. Gracias po su vuelta. ABRAZÓN

    UMA: ¡Qué bueno eso de subirse a un bondi o a un tren por subirse nomás! BESO DE ENSALADA DE FRUTAS CON MANDIOCA Y KIWI.

  22. Gatto said

    Muy bonita historia…

    Mi sueño… Mis sueños más bien, es que son tantos que enumerarlos seria como encerrarlos en una prisión de papel, por eso los dejo volar, libres, que el viento juegue con ellos y de cuando en cuando atrapó uno y lo hago realidad…

    Un abrazo.

  23. GATTO: Deje que vuele, pero persígalos… No deje que se le escapen. ABRAZÓN

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