MALDITO DUENDE

Hé oído que la noche es toda magia, y que un Duende te invita a SOÑAR

Archive for 30 marzo 2006

Te Pusiste a Pensar…

Posted by Fernando Narvaez en marzo 30, 2006

  • ¿Cuánta gente hay en este momento, en el planeta, que estamos pensando en algo inteligente para escribir?
  • ¿Cuántas personas existen que están buscando algo interesante para leer?
  • ¿Cuántos hombres y mujeres están preparándose para el amor?
  • ¿Cuántos vasos se están preparando para ser llenados?
  • ¿Y en cuántos bares?
  • ¿Y cuántos se han vaciado? Ya, ahora.
  • ¿Cuántos hombres y mujeres en este momento pasean su soledad disfrazada de perro?
  • ¿Cuántos perros están levantando la pata frente a algún desamparado árbol?
  • ¿Cuántos árboles se desnudan de hojas en el otoño del sur?
  • ¿Y cuántos se visten en la primavera del norte?
  • ¿Cuántos chinos están preparando arroz?
  • ¿Cuántos elefantes están huyendo por las selvas espantados por algún ratón?
  • ¿Y cuántos monos pelando una banana?
  • ¿Cuántos autos están parados en algún semáforo?
  • ¿Cuántos libros estarán siendo leídos en este momento?
  • ¿Cuántos gallos se levantarán entre las diez y media y las once de la mañana?
  • ¿Cuántos lloran el último aliento de un ser amado?
  • ¿Cuántos también lloran el primer aliento del ser por amar?
  • ¿Cuántas botellas se destapan en este minuto formando un coro mudo por la distancia entre las mismas?
  • ¿Cuántos labios están siendo besados?
  • ¿Cuántas manos están acariciando un pelo, una espalda?
  • ¿Cuántos corazones están latiendo más fuerte después de un roce ocasional/intencional?
  • ¿Cuántas historias están naciendo?
  • ¿Y cuántas terminando?Muchas cosas, muchas gentes. Muchas preguntas y demasiadas más que no sé ni podría contestar…
  • ¿Cuántas personas tienen la dicha de disfrutar de tu amor?¡Esa la sé! Una sola. Y esa persona soy yo.

    Fernando A. Narvaez

Aprovecho y agradezco el apoyo constante de mis amigos, tanto personales como bloggers, ya que gracias a todos ustedes, hemos pedido la segunda tirada del libro "Maldito Duende …relatos desde el blog". Está bien que no es como Harry Potter, pero casi 50 ejemplares en 20 días… para mí es más que mucho. ¡GRACIAS!

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Sirena Varada

Posted by Fernando Narvaez en marzo 28, 2006

Estaba en el punto en el cual el hartazgo se convierte en rutina, la rutina en hastío y el hastío en su vida.
No quería morir su vida de esa manera. Todo le molestaba y su sentimiento de abandono eterno por parte del desquiciado mundo lo impulsaba a cambiar, pero no "por cambiar nomás" tenía que hacerlo de manera descabellada, rotunda, radical y definitiva. Al fin y al cabo pensaba que un cambio debería ser de aquella manera si no, no era tal cosa, sería sólo un tibio movimiento de piezas.
Desarmó su rompecabezas y se mudó de ciudad. El lugar justo sería aquel donde no lo conociera ni siquiera un perro.
Necesitaba volver al estado más primitivo de su existencia. Sacó un poco de plata de sus ahorros para un pasaje y unos días de pensión mientras buscaba un trabajo en donde empezar de cero y se fue.A los treinta y tantos años se sentía de sesenta, pero sabía perfectamente que lo que necesitaba era amor. Ése amor que le había huido de manera inesperada e insolente, plantándolo y escupiéndole la soledad en la cara. Ése amor que por más que buscara no hallaba. Hasta ese momento no comprendía que éste no se hace presente si uno lo busca con desesperación.

Se fue a un pueblo costero alejado de la ciudad. Era pleno invierno y la ausencia de gente era notoria. Así y todo no invirtió demasiado tiempo en buscar trabajo. A los pocos días de instalado en una pensión alejada del centro del pueblo y, durante una recorrida matinal, consiguió empleo en un bar de mala muerte y nada turístico en el cual los pescadores saciaban su hambre de carne y de más carnes.
La mañana en la cual, había encontrado trabajo pasó por un hotel situado en la calle que costeaba la playa; le llamó la atención el gran ventanal de su confitería en el cual se reflejaba el mar. Al pararse en el medio de la calle, se sentía como en una visita en tres dimensiones al medio del océano. El mar natural a su espalda y el reflejo al frente o viceversa.
Eran las diez de la mañana y creyó divisar dentro de la confitería o en el medio del mar a una mujer, más bien una sirena. Sus ojos azules se confundían con el mar y con el reflejo o con lo que fuera, el caso es que no podía distinguir si sus ojos eran tales o sólo parte del reflejo en el que se hallaba situado.

Todos los días cuando iba rumbo al trabajo, la misma mujer estaba sentada en la misma mesa y no sé si con la misma taza pero, al menos, con una parecida. Y no podía evitar hacer de cuenta que algo se le caía de las manos siempre enfrente de aquel ventanal. Pero si había algo que le llamaba la atención de aquella mujer, era que los días en los que no había sol, sus ojos se mimetizaban con el cielo y se ponían grises.
Comprendió que atrás de esa mirada se escondía algo que no podía llegar a descifrar, algo que lo impulsaba a levantarse cada día y encararlo de manera desafiante y vencedora para que terminase rápido. Mientras más veloz fuera el día más cerca estaría de la mañana siguiente y de volver a disfrutar de los dos segundos de aquella mirada. Se sentía cada vez más fuerte pero aún no tenía el valor suficiente como para entrar a la confitería.
Pasaron los días y los meses, se hizo grande nuevamente y volvió a sentirse seguro de sí mismo, como lo había sido en otros tiempos. Comprendió que la fuerza provenía de aquella mirada y lo que escondían esos ojos era una nueva ilusión en el corazón de nuestro amigo.

Tenía día libre todos los jueves. Fue de pronto que en uno de esos días, se despertó motivado y con el valor necesario.
Se levantó, se baño, se vistió y se perfumó. Como no lo había hecho nunca caminó por la misma vereda del hotel, compró el diario y sin pensarlo entró en el local. Había tomado la precaución de llegar, al menos, una hora antes de su paso habitual, llamó al mozo y pidió un desayuno completo.
Ese día la mujer no se sentó en su mesa de siempre. Al preguntarle al mozo por aquella muchacha, éste lo miró extrañado y le dijo que nadie se había sentado periódicamente en esa mesa en los últimos seis meses, mucho menos una dama de ojos policromáticos.

Entendió al instante que lo que él siempre había visto era, en definitiva, una sirena. Una ilusión.
Muy lejos de sentir decepción, se sintió aliviado y comprendió que aquella sirena había venido a mostrarle que todavía se podía vivir de una ilusión.

No volvió a pasar por la puerta del hotel.

Fernando A. Narvaez
Gracias Brisa

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Agradecimiento y Reina de Corazones

Posted by Fernando Narvaez en marzo 25, 2006

Antes de que vayan al texto en cuestión y propiamente dicho, quiero que me ayuden a agradecer el post que ha subido el señor: "El piscuis" en su blog: "Peligro!!! Alta Tensión". Yo solo no puedo (perdón Pacha por hacer mías tus palabras). Ahora sí… el texto:

Reina de Corazones

Tenía el brazo en el ojo derecho, el ojo derecho en la pierna izquierda, mi pierna izquierda a la altura del oído derecho, mi oído derecho a la altura del índice de la mano izquierda y mi corazón en tus manos.
Vos no lo sabías y yo tampoco. Vivimos largos años buscándonos sin encontrarnos. Estábamos escondidos en las tinieblas de la soledad en compañía, agazapados, acechándonos; ignorantes de esto, avanzamos hasta nosotros mismos.

Poco a poco y con el correr del tiempo, mi cuerpo quería acomodarse: el brazo, el ojo, la pierna, el oído, el índice y la mano, intentaban ir a parar a su lugar. Sólo faltaba mi corazón. Intenté ubicarlo en su sitio, pero el tiempo me hizo ver claramente que estaba en su lugar; jamás me había dado cuenta de ello. El sitio de mi corazón era precisamente en donde estaba… Tus manos.

Con mi cuerpo semi-armado un día junté los restos de la explosión interna que lo había despedazado, metí todo en un bolso y me fui rumbo al puente con sólo una ilusión. La de encontrar mi corazón.

¡Sorpresa! Yo hubiera jurado que estaba en tus manos y vos, con tu sonrisa y tu beso, me hiciste entender que tampoco tenías corazón. Los dos órganos en una trenza, bailaban sobre nuestras cabezas, acompasados en sístoles y diástoles ventriculares, elevados en una dimensión exquisita e incomprensible llamada Amor.

Yo era un humilde 4 de trébol y arriba del puente me encontré con La Dama de Corazones, dama que disponía de una Jota acorazonada y prestidigitadora que, con un leve movimiento ilusorio de sus manos, invitaba a reír, a soñar; ni más ni menos que a vivir, a compartir, a proyectar.

Y hoy pasó más tiempo del que soñábamos, vos mi Reina de Corazones y yo, me siento cada vez más tu Rey. Armado, otra vez, mediante la magia de tu Jota y nuestros corazones que monitorean nuestra pasión.

Fernando A. Narvaez

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Sin Palabras

Posted by Fernando Narvaez en marzo 21, 2006

Ernesto se despertó transpirado y con el corazón cabalgándole en el pecho. La sensación de que algo había cambiado no lo abandonó en todo el desayuno y mucho menos durante la mañana.

Ernesto trabajaba de soñarse escritor, improvisaba todo el tiempo textos sin sentido y buscaba información en todos y cada uno de los escritos que le cayeran en la mano. Leía hasta los volantes del gasista y los menús de los bares buscando alguna idea reveladora de donde sacar un texto mediocre.

Ernesto no es tan buen escritor, ¿para qué negarlo? Pero hay que reconocerle que es un gran lector. Decía: Una biblioteca que se precie de tal no puede no tener un ejemplar de "Don Quijote de la Mancha".

Esa mañana, la que venía arrastrada por la noche del sueño tempestuoso, a Ernesto por poco no se le paró el corazón. Llegando al mediodía y, tratando de hilvanar tres palabras coherentes, tomó el ejemplar de la obra de Cervantes que tenía como cable a tierra – siempre recurría a algún pasaje del clásico para extirpar toda la impotencia que le bloqueaba el cerebro – pero al abrirlo descubrió el motivo de su extrema inquietud. Cuando lo abrió al azar en cualquier página creyó que el mal sueño le jugaba una pasada de las verdaderamente feas. Siguió ojeándolo con mucha intensidad y se sintió desfallecer, le transpiraban las manos y una gota de sudor helado le rodaba desde la sien hasta el mentón. El libro estaba completamente en blanco.

A unas cuadras de su casa vivía Alicia, una morocha de ojos azul marino que trabajaba en la biblioteca pública del pueblo. Amiga de Ernesto desde el colegio primario, compartía con él su pasión por el Quijote y era amante empedernida y silenciosa del Edmundo Dantés de Alejandro Dumas. Hacía lo mismo que Ernesto con el Quijote y al buscar el ejemplar de "El Conde de Montecristo" se creyó ciega. Ojeándolo al máximo como había hecho su amigo, la desesperación ganó su corazón y vio claramente que se habían borrado las palabras.

Como impulsados por un rayo del destino se fueron a buscar en el mismo momento. Se encontraron a mitad del trayecto. Se miraron silenciosos. No hicieron falta palabras. Se abrazaron y lloraron. Al despegarse y volver a mirarse con sus ojos empañados de desolación, coincidieron en mirar juntos en dirección a la librería que se encontraba al otro lado de la calle del abrazo; la gente desesperada peleaba por entrar. Pero estaba todo perdido. Todos los libros, novedades y clásicos, estaban en blanco. Habían desaparecido todas las palabras escritas y el mundo se iría convirtiendo poco a poco en recuerdos de historias contadas que ya nadie podría escribir de la misma manera.

El diablo había metido la cola. Los libros en blanco ganaron la calle y la vida de la gente. Nunca se supo qué fue lo que pasó. Alicia y Ernesto se fueron a tomar un café tratando de responderse la siguiente pregunta: ¿Qué haría el mundo de acá en más sin las palabras plagiadas de Bucay y sin Harry Potter?

Fernando A. Narvaez

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Más Agua

Posted by Fernando Narvaez en marzo 19, 2006

Y de repente…
Un salto te planta el equilibrio.

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