MALDITO DUENDE

Hé oído que la noche es toda magia, y que un Duende te invita a SOÑAR

Archive for 21 septiembre 2005

No me Cambiaste la Vida

Posted by Fernando Narvaez en septiembre 21, 2005

Muchas veces había soñado con tus ojos, tu risa, tu mirada, tu pelo, tus manos, tus dedos, tu piel, tu cuerpo, tu beso, tu abrazo. Te había idealizado en mis imágenes nocturnas. Habías vivido en mí, escondida. Nunca te mostraste de manera contundente, te me presentaste en distintas personas pero por partes, una mano, un dedo, la uña del dedo índice del pie izquierdo. Nunca me habías mostrado tus ojos. Esos te los habías guardado para vos.

A veces perdí las esperanzas. Después de tanto buscarte, de tanto esperarte sin encontrarte, claro. Ya estaba resignado. Jamás aparecerías. Nunca podría abrazarte. La decepción era evidente en mi alma y mi corazón era oscuro como una piedra blanda y dura, maleable e impenetrable. Todo a la vez. Rompí corazones a diestra y siniestra y dejaron el mío en rincones inhabitables a los que los mejores sabuesos jamás llegaban. Jamás quise entender que hacía mucho tiempo mi corazón estaba junto al tuyo en algún lugar del planeta.

Rara era la oportunidad en que me sabía completo, prácticamente nula. Definitivamente abolida fue la posibilidad de saberme entero aunque lo intenté. Nunca pude lograrlo.

Iba perdido, deambulé idiota por el día y durante la noche escarbando en los umbrales de las almas ajenas que jamás podrían ser mías y lo que es peor, en las almas a las cuales la mía no les pertenecía. Siempre supe que mi alma estaba con la tuya en algún lugar, sólo debía tener la paciencia necesaria como para poder hallarla.

Ahora todo cambió

Saliste de la nada, tenías en la mano un puñado de amor reprimido, escandalosamente guardado en tu corazón que, sabido era por vos también, estaba junto al mío en algún lugar. Por tus declaraciones a la prensa y sobre todo por nuestra combinación de miradas, no nos quedaron dudas. Nuestros anteojos echaron chispas de todos los colores al chocarse en el momento de aquel primer beso torpe, reprimido y tan dulcemente deseado. Nos miramos, me sonreíste y no tuve dudas. Te había encontrado, eras vos. No sólo mi nena, estaba besando por primera vez a mi mujer y era el primer beso mágico que ahora, después de habernos besado en un millón de oportunidades, todos y cada uno de esos besos y, por sobre todo el último, mantienen la magia intacta del primero claramente mejorada por el amor que va creciendo de manera vertiginosa y que no nos interesa parar.

Amor es lo que sentí desde mucho antes de mirarte a los ojos, amor es lo que siento que crece en mí a cada segundo al escucharte, al imaginarme tu voz, al sentir tu tacto en mi cuerpo que aunque no tenga tus manos al lado lo sigue sintiendo. Una vez te dije que si conseguía que me mires con la mirada que tenías en una foto iba a sentirme más que satisfecho, hoy tus ojos me miran a cada segundo, pero esa mirada está mejorada y multiplicada por no sé cuántas enésimas potencias, cuadradas cúbicas o quizás simplemente con el uno a uno que nos da la seguridad de que nuestros ojos están combinados de maneara tajante, de un tiempo a esta parte nuestros ojos miran lo mismo y ven lo mismo, se fundieron.

Loco. ¡Loco! Me han dicho porque hice cosas que generalmente salen de lo común, nos saltamos los pasos que habitualmente la gente y las raras costumbres nos dicen que deben ser de tal o cual manera. Desordenamos nuestra historia de manera tal que nadie pudo entenderla, ni siquiera nosotros, pero aunque me volvieran a gritar mi locura en la cara, jamás dudé de nada, jamás tuve nada que ocultar. Desde un primer momento supe y sé que estaba de cara a la mejor y mayor historia de mi vida. ¿Loco? ¡Absolutamente! Por vos, mi Reina. Por tus ojos cuando me miran, por tu piel cuando me permite acariciarla, por tu pelo cuando se enreda en mis dedos mientras lo acaricio en toda su extensión, por tus manos que me estremecen a cada roce, por tus besos que son los míos durante mucho tiempo soñados, por vos que soy yo mismo, por mí con vos, por vos conmigo, por nosotros con nosotros, por la magia alrededor, por lo que vendrá y por los que seguramente vendrán. ¿Leíste eso? ¡Te lo repito! Por los que seguramente vendrán.

Olores escandalosamente bellos siento a cada paso que camino, me llevé tu cuerpo en mi barba. El perfume de tu piel en combinación con la mía es algo químico que no tiene propiedad conocida. Somos material de estudio para todos los científicos del universo. Planetas desalineados empezando a alinearse en pos de mis deseos, de los tuyos y de los nuestros. Troya es un fogón en la playa al lado de la combustión de nuestros anhelos. "Todo arde si le aplicas la chispa adecuada" dice Bunbury en "La chispa adecuada" de Héroes del Silencio. Vos tenés esa chispa y yo creo tener la misma para con vos.

Mentira es que nunca me tuviste, mentira es que dejarás de tenerme. Viví adentro tuyo, viviste escondida en mí los últimos 35 años de mi vida y este es le momento en que nos mostramos, nos exponemos y nos disfrutamos a nosotros mismos. No existe el miedo, no temo del futuro si es al lado tuyo. Proyectos, planes en común es lo único que tengo en mi cabeza. Crecer al lado tuyo y con vos. Desarrollarnos como pareja, como personas y ser un mejor hombre cada día.

Estuve perdido mucho tiempo y hoy, con vos acá a mi lado, me encontré. Hoy sé quien soy y fundamentalmente sé y conozco lo que quiero. Pero quiero que sepas que a pesar de todo esto, no me cambiaste la vida. Me la diste.

 Fernando A. Narvaez

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El Último Ángel

Posted by Fernando Narvaez en septiembre 18, 2005

Cuentan que lo vieron perderse en los ondulantes cabellos de una morocha. La vio parada en la estación de Belgrano R; se deslizó sigilosamente desde la calle Echeverría por debajo del andén en dirección a La Pampa y, sin que ella lo notase se enredó en su pelo y se fue a pasear con ella para jamás volver.

Algunos dicen que lo vieron a bordo de la sonrisa de una rubia. No pudo resistir la tentación y, al verla pasar por Av. Corrientes a la altura de Ángel Gallardo, se incrustó en sus labios en dirección al Parque Centenario.

Otros comentan que se disfrazó de chofer de un micro y lo condujo desde Retiro en dirección norte, buscando unos pechos salados y dulces para habitar entre ellos por el resto de sus días.

Más tarde, se supo que en el bar La Perla del barrio de Once buscaba la inspiración que, tal vez, hubiera dejado olvidada Tanguito. Quizás encontrase la fórmula para armar una balsa de madera y así poder irse al lugar que él más quisiera ante la posibilidad de imaginarse solo y triste en un mundo abandonado.

Más tarde anduvo por Villa Urquiza. Se vistió de jazmín y se mezcló entre las flores del puesto que está en Monroe y Triunvirato.

En Villa del Parque tocó todos los timbres y salió corriendo.

Se vistió de Carnaval en La Boca y mojó a todas las damas del barrio con bombitas de agua.

Algunos dicen que ayudó al Beto Alonso en el salto cuando se elevo para hacerle el gol a Boca el día de la pelota naranja.
Otros comentan que era él quien le llevaba la pelota a Maradona mientras atravesaba las murallas inglesas. Unos días más tarde se lo vio junto al Diego en el balcón de la Casa Rosada mientras nos mostraba la Copa del Mundo.

Protagonizó todas las películas que jamás se vieron y, sobre todo, las que nunca se filmaron.

Cantó junto a Charly y a Nito en el Luna, aquel año 1975 del Adiós Sui Generis. La leyenda cuenta que le susurró al Flaco los primeros versos de "Muchacha".
Paseó por el Abasto; primero con Don Carlos, más tarde con el pelado Luca y se tomó unas ginebras. Y cuando estuvo por Saavedra, se bebió unos vinos con El Polaco.

Las crónicas delatan que le habló de laberintos a Borges y que él fue quien le puso en la mano un Zahír. Las mismas cronologías denuncian que le susurró el nombre de la Maga a Cortázar y le habló de una Rayuela.

Anduvo hace mucho tiempo por Rosario y se trajo un pibe llamado Alberto para que nos regale toda su alegría. Le dijo que sería un gran Capitán y lo llamó Piluso. Más tarde le abrió las puertas del cielo, como así también, a Miguel Abuelo diciéndole "Buen día, día".

Jugó todos los juegos. Amó todos los amores. Bebió todas las bebidas. Admiró todo lo admirable. Cantó todo lo que se podía cantar. Escribió todo lo que se debía escribir. Soñó todo lo que vivimos y vivió todo lo que soñamos. Acarició todo lo acariciable. Veneró todo lo venerable. Ejecutó todo lo ejecutable. Imaginó todo lo imaginable. Estuvo donde debía y casi siempre donde no.

Estuvo, está y estará en vos, en mí, en nosotros. Nuestro último ángel siempre estará enredado en nuestro pelo. Incrustado en nuestra sonrisa. Viajará por todos los ríos y todos los mares en busca de amor, con balsas o con barcos. Será flor. Nos tocará el timbre. Nos mojará en carnaval sin importar nuestro sexo. Seguirá gritando goles y levantando copas. Será artista de cine. Será cantante, cantará Tango, Rock, Pop, lo que sea. Nos traerá gigantes. Acompañará a famosos y a nosotros los ignotos. Compartirá todos los vinos con nosotros en un viejo bodegón. Seguirá susurrando relatos brillantes y no tanto como este que escribo. Nos abrirá las puertas del cielo cuando las golpeemos como Dylan.

Nuestro último ángel siempre estará con nosotros, jamás dejará de sobrevolarnos y de protegernos. Solo depende de nosotros que lo dejemos volar.

Fernando A. Narvaez

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Estructura sin Estructura

Posted by Fernando Narvaez en septiembre 13, 2005

Trabajé mucho tiempo en mi castillo.
Había contratado al mejor arquitecto, comprado los mejores materiales para su construcción. No escatimé en gastos y trabajaron para mí los mejores capataces y obreros de toda la comarca.
Todo estaba delineado al mínimo detalle, los cálculos eran perfectamente equilibrados.

Me convertí en amo y rey supremo de aquel Palacio. La guardia controlaba los accesos desde los portones, una fosa profunda y ancha lo rodeaba. Los muros altos e impenetrables acompañaban con su seguridad a los arqueros de vista afilada que observaban desde los cuatro atalayas estratégicamente dispuestos. Nadie podía acercarse sin ser visto.
Cercos electrificados.
Campos minados y algún que otro pantano alrededor del foso.
Tecnología de última generación. Sistemas de seguridad computarizados. Cámaras en todos los rincones en apoyo a los guardias.
Una jauría de perros entrenados dispuestos a mutilar y a matar por mí si fuera necesario.

No habría más decepciones. No volvería a exponerme. Nadie podría herirme. La posibilidad de volver a sufrir estaba dinamitada.

Todas las precauciones fueron en vano. De repente te vi sentada a mi mesa frente a mí, sana y salva, inmaculada y radiante. Sonreíste. Abdiqué.

Habías entrado despacio. Convertiste tu cuerpo a la invisibilidad nada variable y desde las torres no pudieron verte.
Avanzaste de forma casi felina y flotaste por sobre los campos minados, los pantanos y el foso.
Le arrebataste la memoria a los guardias con una sonrisa y además los paralizaste.
Con tu mirada eclipsaste los sistemas de seguridad y colapsaste los servidores.
Pasaste los portones de la fortaleza quebrando cerraduras y con sólo un movimiento de tu mano domesticaste a los perros que lamieron tus pies.

Y de un golpe del destino estabas sentada frente a mí. Sonriente, radiante y espléndida; con todo tu armamento que nada tenía que ver con sopletes, aplanadoras, sierras eléctricas, ni martillos. Sólo tu risa, tu promesa de beso, caricias y abrazos.
Desmoronaste mi castillo tan meticulosamente armado.
Tan perfecto era que hasta me tomé el atrevimiento de dejar una ventana abierta lo suficiente como para que te cueles. Y la dejé sabiendo que en algún momento me encontrarías, porque aunque me armé en pos de mi seguridad, nunca paré de buscarte. Jamás suspendí el anhelo de tenerte.

Y mi castillo mostró su estructura. ¡Naipes! Hermosos y muy bien estampados naipes. Baraja perfecta y expectante aguardando tu soplido.

Fernando A. Narvaez

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Posted by Fernando Narvaez en septiembre 11, 2005

… tu día.
… el gallo que cante al amanecer poniéndote en aviso de que el sol cabalga desde el espacio para romper tu ventana en forma de rayos.
… la persiana que los detenga momentáneamente.
… el despertador que te avise que no hay "cinco minutos más" que valgan.
… quien te invite a hacer el amor para que te lleves por delante el día, que lo atropelles y lo aplanes.
… la mano que corra tu cortina para que de una vez por todas el caprichoso sol se pose en tu piel.
… el agua tibia que empape tu cuerpo recorriéndolo palmo a palmo, centímetro a centímetro. Hurgando tu piel y tus profundidades.
… quien te espere con el desayuno.
… el beso de la despedida cuando el trabajo nos llame.
… tu moneda de un peso o la llave del auto para que llegues en tiempo y forma a tus quehaceres.
… el llamado que te recuerde que estoy con vos, que soy tuyo, que te amo y que todo va a estar bien, a pesar de los duros "día a día"
… el plato de tu almuerzo.
… las once rosas enviadas en una moto para completar la docena cuando llegue a la noche con la restante en mi mano.
… tu cinta en el gimnasio después de la jornada laboral.
… tu transpiración.
… otra vez el agua que te la saque.
… la llave de la puerta de casa.
… la música, la televisión, el libro o la computadora mientras esperás mi llegada.
… quien al llegar no le importe cerrar la puerta para correr con la rosa faltante en la mano, mirarte a los ojos, gritarte en un susurro que te amo y desintegrarte en un beso y un abrazo.
… la luna echando a patadas al sol.
… la noche.
… el del beso sorpresivo.
… el de la caricia inesperada.
… el del mimo certero.
… el teléfono para pedir comida, poniendo en evidencia mis limitaciones culinarias y evitando que vos lo hagas.
… el vino que moje tus labios y te recorra por dentro.
… el agua, la esponja y el detergente que lave los platos.
… el que se estremezca con tu contacto, con tu voz, con tu beso.
… la película compartida.
… otra vez el beso.
… el sillón que nos soporte.
… la silla que ya no nos soporta.
… la cama que nos soportará.
… quien te haga dormir hecha un bollito en sus brazos.
… el corazón que se vista de caballero templario para comandar día a día y noche a noche la cruzada en búsqueda de mi Santo Grial. Tu Corazón.
… el mosquetero guardián de tus sueños.
… quien duerma a tu lado.
… quien sueñe con vos.
… Ángel.
… Demonio.
… un Flamingos transformado en Maldito Duende
… un Duende Maldito bendecido por tu mirada diáfana.
… yo mismo a pesar de los seudónimos. Fernando Ariel Narvaez.
… todo lo que pueda ser.
… un hombre mejor cada día.

Yo. Seré yo. Si me lo permites, ¡Seré!

Pensalo, me encantaría.

Fernando A. Narvaez
Arreglos y Dirección: Romau

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Cuando…

Posted by Fernando Narvaez en septiembre 10, 2005

… sientas que el odio tiñe mi garganta. Regálame una sonrisa.
… creas que la hipocresía invade mi boca. Devuélveme una bofetada que me ubique en mi lugar devolviéndome la sinceridad.
… veas que la omnipotencia se adueña de mi alma. Recuérdame lo frágil que soy y explícame que yo solo no puedo con todo.
… el maltrato gane mi conciencia. Bríndame un beso.
… el rencor se apodere de mi ser. Exorcízame con una risa y revive en mi mente los buenos momentos vividos con y por, el motivo de mi rencor.
… la tristeza pinte mi alegría. Obséquiame tu palabra susurrante en mi oído junto con la mentira más bella del mundo y dime que: Todo va a estar bien.
… me veas paralizado. Grítame fuerte que me abandonas y correré a buscarte.
… la enfermedad del mundo quiera tomarme por asalto. Dame en un gesto todo tu brillo.
… la ceguera impuesta por el desvarío no me permita ver. Sé mis ojos y explícame la belleza que la distracción no me permite ver.
… veas a la impotencia presente en mi cuerpo. Desátame las manos con un soplido de tu alma.
… la incompetencia pretenda mostrarme su competente idoneidad. Demuéstrame que no es tan malo volver a empezar, llévame al punto de partida y arranca junto a mí cuando la luz esté verde.
… el desamor y la decepción pretendan mi cabeza. Háblame de mi corazón y del tuyo.
… el negro. Revoléame un rojo.
… un gris. Escúpeme un amarillo.
… me quede sólo un peón. Hazme saber que eres mi Dama.
… el alquitrán y la nicotina del gran cigarro que es este mundo opaquen mis pulmones. Corporízate en mi eclipse, encandílame.
… el miedo me inmovilice. Párate al lado mío y camina de mi mano.
… la sombra carcoma mi esperanza. Ilumíname con tus ojos en dirección contraria a la luz que la proyecta.
… la muerte venga por mí. Prométeme que vas a intentar ser feliz, ya que si llegas a estar en el momento de mi muerte junto a mí, moriré siendo muy feliz.

Del mismo modo yo: te regalaré mi caricia Te devolveré una bofetada en el momento justo. Te recordaré que somos frágiles y que si no estamos juntos no podemos con todo. Te brindaré un beso. Te exorcizaré con mi sonrisa para recordarte los buenos momentos. Te devolveré en un susurro que: Todo va a estar bien. Te gritaré fuerte mi abandono para que me sigas. Te obsequiaré en un gesto mi humilde brillo. Te recordaré aquel momento en el cual, llorando, nos dijimos que nos amábamos. Seré tus ojos y te contaré de lo bello que es este mundo con una habitante como vos. Te desataré las manos. Te llevaré al punto de partida para que arranquemos juntos. Te hablaré de nuestros corazones. Te daré rojos, amarillos, verdes y violetas. Seré tu Rey si me dejas. Te encandilaré. Caminaré de tu mano. Dispararé luz en contra de la que provoca tu sombra. Y en cuanto a la muerte… como dijo algún poeta por ahí y, sin temerle al egoísmo que pensando en ese momento me invade, ojalá mueras vos antes, ya que de esa manera no tendrás que volver sola a casa. La soledad, por favor, déjala para mí.

Fernando A. Narvaez

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