MALDITO DUENDE

Hé oído que la noche es toda magia, y que un Duende te invita a SOÑAR

Archive for 30 julio 2005

Pregunta

Posted by Fernando Narvaez en julio 30, 2005

¿Por qué si decido junto con otra persona comer unos Sandwiches de Jamón y Queso, ésta persona tiene que agarrar el Jamón en el mismo momento que lo hago yo? ¿No puede agarrar el queso primero?"

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Posted by Fernando Narvaez en julio 30, 2005

Finalmente y después de mucho divagar sin sentido, tomamos la determinación de que el mejor lugar para ver qué pasos seguíamos, era el Castillo. No solo porque ahí teníamos nuestras computadoras sino que además contábamos con la gran biblioteca del lugar que contenía muchos volúmenes sobre historia angelical y, además, había mucha historia de los hombres en ella. Por otra parte no estaría demás pedirle ayuda a Milton si es que éste estuviera disponible.

Preparamos unos mates y llamamos a “Torta Frita Express”. Si bien en nuestro mundo jamás llueve ya que estamos más allá de las nubes, al poner Crónica TV vimos que en Buenos Aires llovía a cántaros.

¡Qué buen día para comer tortas fritas! – exclamó Iael – llueve en la Tierra

No lo dudamos. Pedimos una docena y la acompañamos con otra de pastelitos, mitad batata, mitad membrillo.

Germán y Poly habían adquirido cierta autonomía. Después de aquel llamado el día de Pascuas, habían vuelto a hablarse en un par de ocasiones más. Aunque faltaba la decisión de encontrarse. Esta vez sería un poco más sencillo juntarlos, ya que contaba con las “Flechas del Amor” de Iael.

Los Ángeles del Amor, en cada una de nuestras misiones, tenemos un número de flechas limitado que va incrementando o disminuyendo en cada trabajo según nuestra efectividad en la tarea anterior, el mínimo es de seis saetas. Si bien mi primera misión, finalmente, fue desastrosa, la academia decidió mantenerme el número y no quitarme ninguna. Mis seis flechas, sumadas a las de Iael, daba un total de doce tiros, lo cual era más que interesante.

No teníamos muchas opciones debíamos bajar a la Tierra para provocar el encuentro, pero no lo hicimos directamente hasta el suelo. Después de tomar mate y comernos más de la mitad de lo pedido; cada uno tomó su arco, las flechas, el carcaj, sincronizamos los relojes y cada uno tomó su handy.

Iael viajó rumbo al barrio de Villa Urquiza donde vivía Germán. Yo tomé el camino del Barrio de Caballito, allí paseaba su belleza Poly.

En este caso las flechas no tenían que impactar juntas, la de Iael debía clavarse en el pecho de Germán tres o cuatro segundos antes que la mía en el de Poly. Esto era para que El muchacho hiciera la propuesta y ella tuviera tiempo de responder. De lo contrario corríamos el riesgo de que ella respondiera a una pregunta jamás formulada, esto podía tener consecuencias que es imposible saber a dónde podían llevarnos. Si ella decía “Sí” o “No” a algo que Germán ni siquiera había preguntado, él le hubiera dicho “Sí qué” o “No qué”, “¿Cómo qué? ¿qué me preguntaste?” “Nada te pregunté” “¿Vos me estás diciendo que estoy loca? Ahora resulta que yo te escucho y vos no hablás” “¿Quién dijo que estás loca?” “Me das a entender eso” “¿¡YO?!” “¡Sí, vos!” “¡Estás loca Poly!” “¡Andá a cagar, Germán!” Línea muda. Como siempre y más que nunca deberíamos ser precisos.

El llamado de Germán se hizo en el momento justo y nuestras flechas salieron disparadas cual reloj suizo. Primero la de Iael, y dio en el blanco, el corazón

– ¡Quiero verte, Poly! ¿Qué te parece si nos encontramos?
– No sé Germán, me parece que no es el momento.
– Si los dos sabemos que queremos hacerlo, no me digas que no porque te conozco demasiado y eso, también lo sabés.

Era el momento de mi tiro, calcé la flecha y tensé la cuerda. El viaje de la saeta fue limpio, se deslizó en el aire como si este no existiera y mucho menos el viento. La flecha rompió el pecho de Poly y estalló en amor.

– ¡No puede ser que me conozcas tanto! – dijo Poly con una sonrisa enorme en los labios
– ¡Decime cuando!
– El Domingo te parece bien a eso de las siete de la tarde
– Me parece bárbaro –

El lugar que decidieron fue la esquina de Rivadavia y Boyacá, al consultar nuestra guía barrial nos dimos cuenta que era el barrio de Flores. La emoción nos embargó, estaríamos en el mismísimo barrio del “Ángel Gris”. Ojalá pudiéramos verlo.

La primera fase de la misión estaba cumplida. Nos merecíamos un aperitivo.

– Joani, ¿Quedaron tortas fritas?
– Quedaban un par de pastelitos.
– Vamos a liquidarlos y después qué te parece si tomamos unas cervezas en el Mignón del Ángel para celebrar, todavía tenemos un par de días hasta que se encuentren
– Iael, sabés perfectamente que hay cosas que ni tenés que proponerlas.

Allá fuimos, pero lo que encontramos nos liquidó.

-¿Cómo se les ocurrió hacer lo que hicieron? – la voz de Milton era tan grave que estalló en el silencio como una explosión de temor.
– Nos pareció lo mejor – dijo Iael
– ¿¡LO MEJOR!?
– Primero teníamos que hacer que Germán y Poly se encuentren y lo hemos logrado –dije
– ¿Quién está hablando de esos dos?
– Perón, Milton ¿de qué estamos hablando?
– ¡NO ME GUSTAN LOS PASTELITOS DE MEMBRILLO Y ES LO ÚNICO QUE ME DEJARON! Los metería en las mazmorras.
– Tiene razón Milton, no nos dimos cuenta. Lo invitamos a tomar unas cervezas.
– Eso no va a venir para nada mal, pero si alguno de ustedes se emborracha va directo al calabozo. ¡Vamos! Y pónganme al tanto de cómo va la misión.

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Ese Segundo

Posted by Fernando Narvaez en julio 27, 2005

La película de mi vida se proyectó por un segundo en mi mente. Siempre me dijeron que antes de la muerte era así. Veo imágenes en blanco y negro, escenas que simulan estar escapadas de un film de Charles Chaplin. Ojalá fueran polaroids, instantáneas sin movimiento; pero no es así, se mueven, me hablan y no me escuchan. Me siento y me reconozco mudo. ¿Cuándo terminará este segundo?

Veo a mi padre llegar a casa despotricando contra el chofer del colectivo y le pregunto ¿Por qué no te compras el auto? Porque tu padre es el que tiene plata el mío nunca tuvo , me responde.

Veo que voy junto con mi hermano en su 4×4 a buscar mi camioneta nueva. Salíamos del Club de Campo. Más tarde volveríamos al Country para terminar de organizar la fiesta a la que habíamos invitado a trescientas personas. ¡Teníamos contratado al mejor DJ! ¿Dónde estará mi hermano ahora?

En ese segundo veo a los chicos del club cuando nos juntábamos a tomar algo después de jugar algún partido, planificando nuestro siguiente fin de semana en la costa. Los viajes los hacíamos, en el peor de los casos, dos veces al mes. Punta del Este, Pinamar, Mar del Plata. En este momento, también veo las temporadas enteras que nos pasábamos en Las Leñas o Bariloche durante las vacaciones de invierno. ¿Dónde estarán mis amigos, hoy?

En este segundo se me aparece mi madre cuando subió al escenario a recibir mis diplomas, primero el de Bachiller contable y después el de Contador Público. Siempre me dijeron que estudie, que no era necesario trabajar. Mis viejos siempre nos dieron todo, teníamos todo lo que queríamos y lo que no, también. Fuimos muy felices (¿?)

Lo vuelvo a ver al viejo cuando me entregó las llaves de la oficina que me había comprado para que trabajara de contador, ya la había acondicionado completamente. Habían pasado dos meses de haberme recibido y no tenía ninguna experiencia. Pero que ni sueñen que trabajaría, contraté a los dos mejores egresados de mi curso, una secretaria y, mientras yo jugaba al tenis ellos hacían mi trabajo por un sueldo poco mejor de lo normal. Los contactos y los amigos de mi viejo fueron mis clientes, el estudio le llevaba la contabilidad a todos ellos. Fui amo y señor de mi propio reino. Y ahora, en este segundo ¿Dónde quedó todo aquello?

Me vuelvo a ver a los 18 años lavando el auto. Los sábados que no estábamos de viaje siempre era la ocasión de ir a bailar. Lo primero que hacía era invitar a todo el mundo a beber gratis, las mujeres caían a mis pies. Los hombres, por mi éxito con las mujeres, se arrodillaban al verme pasar, era una especie de Mesías, la gloria me acompañaba con su aroma por donde pisara. ¿Dónde está la Gloria en este momento? ¿Tan poco tiempo podía durar? Y las mujeres, ¿dónde quedaron?

La veo a Claudia, en este segundo que sigue existiendo, llorando por encontrarme todo el tiempo con una mujer distinta, siempre la traté de idiota ¿por amarme? La usé y no me importó nunca su cariño aunque me casé con ella. Cuándo nació Luz, la madre y ella estaban hermosas. Claudia le daba de mamar y ella se prendía a la teta bebiendo vida.

No pude con mi genio y a los 15 días me encontraron borracho en un club de campo con dos mujeres. Debido a ser una persona reconocida salí en todos los diarios. Mi mujer no pudo resistirlo y decidió dejarme ésta vez, como no lo había hecho nunca, dejarme. La maternidad le dio la fuerza necesaria para valerse por ella y por Luz.

En este segundo me adivino en Punta del Este pasando una temporada y escuchando el timbre del teléfono. Era mi vieja avisándome que mi padre estaba muy enfermo, En unos días vuelvo, le dije mientras tomaba un champagne, Tu padre está muy grave, dijo ella llorando, No le va a pasar nada, la semana que viene estoy ahí.

A los dos días volví a escuchar el teléfono, nuevamente mi madre, mi viejo había muerto, Ya no puedo hacer nada, dije y me quedé en Punta 20 días más. ¿Dónde estará mi madre ahora?

En este segundo la escucho a Luz, con sus casi diez años, pidiéndome que la vaya a ver bailar. Había estudiado danzas y se presentaba en un teatro. No puedo, hija, tengo una reunión en Puerto Madero con unos empresarios, si todo va bien te llevo a Disney World. ¡Ya fuimos cuatro veces! gritó, Quiero que me veas bailar. ¡No puedo y Punto! ¿Dónde esta mi hija en este segundo?

En este segundo me doy cuenta que nadie me robó el cariño de mi hija, sino que lo dejé escapar por mi ambición.

En este segundo la escucho a Luz llamando papá al empleado de panadería que se casó con Claudia. Tal vez él la haya querido realmente como un padre, el mismo que no encontró en mí. Quizás haya sido el mejor marido para Claudia, pero aunque no pueda pensar eso ¡Bien muerto está!

Siempre me dijeron que antes de la muerte era así, la película de tu vida se te pasa casi completa en ese segundo por la cabeza. Finalmente creo que este segundo llega a su fin, el segundo más largo de mi vida y, seguramente, de mi muerte. Escucho la voz del juez diciendo mi nombre y…

“… queda condenado a la pena de reclusión perpetua”

Y estoy solo con mi segundo. Ni mis abogados quisieron defenderme. Abro los ojos y lo único que me acompaña es la masa con la que le partí el cráneo al empleado de la panadería. Otro segundo fatal que me acompañará por el resto de mis días.

Lo tuve todo, no me había faltado nada, tuve lo que quise y más de lo que me hubiera imaginado. En este segundo de soledad que durará el resto de mis días creo que hasta pude haber tenido amor.

¿De qué me sirvió?

Fernando A. Narvaez
Basado en “Una canción triste” de Enrique Bunbury

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Posted by Fernando Narvaez en julio 25, 2005

¿Cómo se hace para escribir sobre algo o alguien que apenas se conoce?

Supongo que se debe hacer basándose en primeras impresiones, en primeros diálogos o, sencillamente, en eternos deseos. Deseos de hallar de una sentenciada vez, ya que nada es inevitable, a ese algo o alguien que estamos esperando.

El ser humano en determinadas circunstancias adopta la postura de esperar y de no salir a buscar. Permite cómodamente que la vida le ponga delante un buen trozo de pan que llevarse a la boca tejiendo y destejiendo, cual Penélope, una larga bufanda de soledades y decepciones. Que algunos las sobrellevemos lo más hidalgamente posible no significa que sea de la manera más inteligente.

A veces, tratando de hacerle una gambeta a las soledades, buscamos refugiarnos en nuestro pasado, simplemente por no hacernos cargo del terror que le tenemos a lo desconocido. Buscamos en él la novedad y sólo encontramos que nada en su esencia puede cambiar y que las cartas en el pasado ya fueron jugadas. De tal modo, no nos damos cuenta de que los presentes de nuestros pasados nada tienen que ver con los futuros de nuestros presentes.

Sabina escribió en una canción que al lugar donde hemos sido felices no debiéramos tratar de volver, entiendo que nos podemos llevar la sorpresa de que las cosas ya no van a estar iguales a cuando las abandonamos. Que la novia que dejamos plantada en el altar yéndonos con otra y a la que volvemos arrepentidos un tiempo después por la nueva decepción, en un 99,9 por ciento de los casos ya no nos va a estar esperando. Que la gente que jugaba a la pelota con nosotros en el barrio hoy se ha vuelto mucho más fría y calculadora, se ha modernizado. ¿Y uno quiere jugar a la pelota? ¡Hoy existe la Playstation 2!

Pero mientras tejemos y destejemos la vieja bufanda, insistimos en recuperar las cosas que hemos perdido, sin entender en su esencia el significado de las cosas que se perdieron, que es el de perderse para no ser encontradas jamás, para dejarnos el grato recuerdo de los buenos momentos y el amargo sabor de no saber qué hubiera pasado si las hubiéramos podido conservar un tiempo más. Deberíamos tratar de comprender que las cosas están hechas para romperse o para perderse. Y así, creo, podríamos empezar a valorar esas pequeñas cosas que tenemos o logramos mucho antes de ser perdidas. Quizás podamos llegar a conservarlas.

¿De qué nos sirve encontrar un vaso perdido si no tenemos nada que beber? Para adornar algún estante de alguna vieja alacena. ¿Para qué nos sirve encontrar un viejo juego de llaves si ya cambiamos todas las cerraduras y tenemos nuevas? Son solamente un recuerdo de las puertas que fueron abiertas en el pasado; esas llaves ya no nos abren los portones de nuestro presente, mucho menos los de nuestro futuro. Pero tenemos que aprender a no perder las nuevas, debemos guardar aquellas llaves viejas en alguna cajita de la memoria y recordar que alguna vez las perdimos para no cometer los mismos errores, canalizar la experiencia de haberlas extraviado y potenciarla para que no nos vuelva a suceder.

Deseo suponer y creer que con la gente pasa igual. No quiero creer en que todo tiempo pasado fue mejor. No deseo tener nostalgia del pasado. Quiero recordarlo gratamente pero no extrañarlo, para que me ayude a comprender mejor el presente y así lograr jugar mejor en el futuro. Eso sí, sin dejar que esto domine mi instinto asesino y mi impulso casi caníbal de dejarme llevar por mi corazón.

Entonces: ¿Cómo se hace para escribir sobre algo o alguien que apenas se conoce?

Con las llaves del pasado en aquella vieja caja. Con la convicción de que lo desconocido no es tan terrible y que nos abrirá las puertas del futuro. Dejando de tejer y de destejer soledades. Sin nostalgia y con mucha experiencia correctamente canalizada. Pero sobre todo, creo, con el corazón en la mano y con mucho, pero mucho, impulso caníbal e instinto asesino.

Fernando A. Narvaez

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(A)Normal(idades) / Por tus ojos

Posted by Fernando Narvaez en julio 22, 2005

Mi vida es normal, como la de la mayoría de la gente normal. Trabajo normalmente y cuando queda tiempo, normalmente poco, me distiendo y salgo con mis amigos normales o veo un poco de televisión no tan normal en casa. Tal vez me vaya al cine como cualquier persona normal.

Ayer me levanté como siempre

Una mañana normal a la hora normal; me puse de pie. Normalmente lo primero que pongo en el piso es el pie derecho, el suelo estaba frío de manera normal para este invierno normal. Busqué a tientas mis pantuflas normales que estaban en cualquier parte, en el lugar de siempre, en el normal; aunque fue complicado encontrarlas porque a esas horas el sueño era normal.

Desayuné normalmente, me duché de manera normal. Me puse mi ropa normal, pantalón negro y camisa negra normal. Fui hacia mi trabajo de siempre, el normal de todos los días normales.

Esa mañana fue normal, pocos clientes normales (situación más que normal), almorcé a la hora normal mi sándwich normal acompañando, claro está, por un café normal.

La tarde se presentaba normal. Se esperaba el aluvión normal de gente. Hasta que entraste. Tus ojos no eran normales, me sacaron de toda normalidad y prometiste volver al otro día. Tu mirada me hizo ver de otra manera. Me sacó de toda normalidad.

Hoy me levanté distinto, de muy buen humor. Vi las cosas de otra manera.

La mañana se presentaba clara y fresca. La hora daba igual, tal vez las seis, quizás las siete. Cuando apoyé mis pies juntos en el piso, noté que éste no estaba tan frío. Mis pantuflas verdes estaban en su sitio, al costado de mi cama y no me sentía con sueño ya que había dormido verdaderamente bien.

Tomé unos mates que, aunque amargos, saboreé muy dulces. Me fui a disfrutar de una buena ducha, sintiendo el agua tibia que me arrancó todas las “normalidades” de cuajo. Al salir noté que mi ropa no era la adecuada, cambié el monótono negro por una chomba beige y unos jean azules.

Me fui a disfrutar de mi trabajo.

Ayer prometiste volver. Fui a almorzar y pedí una milanesa con papas, la acompañé con una gaseosa. ¡Espero que la tarde sea distinta!

Ayer prometiste volver y lo hiciste. Tus ojos volvieron a mirarme y disfruté de las “anormalidades”

¿Vamos a tomar algo? ¡Listo! Paso por tu casa cuando salgo de acá.

Después de tus ojos no hay nada más normal.

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