MALDITO DUENDE

Hé oído que la noche es toda magia, y que un Duende te invita a SOÑAR

Archive for 28 junio 2005

Posted by Fernando Narvaez en junio 28, 2005

Decidimos con Iael no reunirnos en el Castillo de Milton, si bien el lugar está bueno, se me ocurrió que era demasiado frío para tratar un tema caliente como lo son Germán y Poly. Creímos que no estaría mal ir a tomar unos tragos por ahí.

Tomamos el rumbo de siempre, partimos hacia El Mignón del Ángel.

Al llegar al bar notamos que estaba lleno de ángeles, daba la impresión de que estaban celebrando una fiesta privada o algo semejante. El Patoángel de la puerta nos pidió entradas, cosa que no teníamos. Le manifestamos nuestra condición de “amigos personales del dueño del bar”. Semejante comentario, como era de esperarse, no le movió un pelo al gigante alado. Celebramos concilio junto a Iael, juntamos 20 pesos y, sin chistar, nos dejó entrar mientras le pasábamos el dinero sin que nadie se diera cuenta.

Entramos y nos recibió Julio, nuestro mozo de cabecera. Nos consiguió una mesa en un rincón alejado del ruido. La fonola tiraba al aire el último éxito de la Bersuit Angelical: “La angelicalidad al palo”. Todos los ángeles allí reunidos cantaban y bailaban al son de la voz del “Angelado” Cordera.

Al rato, mientras charlábamos de estrellas perdidas con Iael, vino Julio.

– ¿Qué les traigo muchachos?
– Para mí un Gancia Batido – pidió Iael
– Yo prefiero un Fernet – dije – Perdón, Julito ¿qué pasa que hay tanta gente?
– Acaba de terminar el campeonato de Truco
– ¡Campeonato de Truco! ¿Cómo no me avisaste?
– Si la última vez que estuviste te sacaron borracho ¿no te acordás?
– ¿A quién sacaron borracho? – pregunté indignado
– A vos, ridículo – rió Iael
– ¡Yo no estaba borracho!
– ¡Ese es el primer síntoma! – dijo Julio mientras iba a buscar el pedido a las carcajadas

Miré a Iael ofendido y le pregunté.

– ¿Vos sabías lo del campeonato?
– ¡Claro que sabía!
– ¡Y vos tampoco me avisaste! ¡Vos no sos mi amigo!
– Si estuviste durmiendo tres días seguidos
– ¡Me hubieras despertado! Además si no hubiera sido por las pastillas de Milton no hubiera dormido tanto. ¿Quién habrá ganado?
– ¡Ahí está! El que gana siempre. El Ángel de la Mentira
– ¡No puede ganar siempre la Mentira!
– Claro que no, pero en el Truco es infalible
– ¿Cuándo es el próximo campeonato? Lo quiero enfrentar. Serás mi pareja
– ¡Imposible ganarle, Joani!
– Nosotros somos Ángeles del Amor y cuando hay Amor, no hay Mentira que valga ¡Julio! ¿Para cuándo, hermanito? – Ya me habían puesto nervioso
– ¡Su pedido, señores! – avisó Julio
– ¡Por fin, Julito! Escucháme ¿Cuándo es el próximo torneo?
– En tres meses
– ¿Cuándo nos podemos anotar?
– ¿Encima querés pasar vergüenza? ¡Es imposible ganar! Siempre gana el mismo
– ¡Nunca jugó contra mí!
– ¡Ja ja ja! Todavía no tomaste y ya estás en pedo. Pero bueno, como quieras, ya estás anotado
– ¡Yo no pienso humillarme! – advirtió Iael
– Ok, no me acompañes. Le voy a decir al Ángel de la imaginación
– El Ángel de la Imaginación es el mejor en el Ajedrez, no en el Truco. Me parece más cuerdo, aunque suene contradictorio, que le digas al Ángel de la Locura. Ése hace cualquier estupidez.Además, el Ángel de la Mentira siempre juega en pareja con el de la Guerra
– ¡Aaaaaayyyyy! El de la Guerra – me burlé – ¡Ese que se vaya a jugar al TEG!

El bar estaba lleno de personajes que hace mucho tiempo no veía. El Ángel de la Alegría estaba sobre el escenario y se disponía a comenzar con su rutina de chistes, mientras su primo hermano, el de la Tristeza, lloraba en un rincón al mismo tiempo que el de la Esperanza le daba aliento.

Al pie de la tarima se encontraba el de la Belleza Artificial firmando autógrafos, el Ángel Face.

La Mentira ostentaba su triunfo pero nadie le creía.

La Imaginación andaba por las nubes, con lo cual dudé de decirle que me acompañe en el torneo. Pero el Amor siempre se tiene que acompañar con la Imaginación.

Mucho ruido. Por más que el Ángel del Silencio intentaba callar a todos, era imposible hablar. No era el mejor ámbito para tratar el tema que todos esperamos tratar.

Pero la pasamos bárbaro.

– ¡Julio! ¿El domingo pasan la Final de Roland Garros entre Puerta y Nadal?
– ¡Por supuesto, Joani!
– ¿Nos reservas una mesita?
– Ya es suya, amigos

Tal vez el domingo después del partido, podamos charlar con Iael y delinear el plan de una buena vez.

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Posted by Fernando Narvaez en junio 28, 2005

– ¡Hola, buenas noches! ¿Se encuentra Poly?
– ¡Sí! ¿Quién le habla?
– Ariel
– Un segundito, por favor

La voz de Germán temblaba en el auricular, le había estado dando vueltas en la cabeza este llamado durante los últimos tres meses. Siempre se preguntaba cómo era posible no olvidarse de ella. Hacía algo más de un año habían hablado, también por teléfono y ella le había contado que estaba embarazada y que se había ido a vivir con su pareja. Si bien no se había casado, para él daba igual. No estaban juntos.

Por su parte, él a estas alturas estaba saliendo de una relación que le consumió casi tres años de su vida. Después de aquellos tiempos junto a Poly, había logrado estabilizarse emocionalmente y llevar adelante su nueva relación. Pero al momento de este llamado, todo aquello ya no existía.

Había estado buscando el momento, no tenía su nuevo teléfono pero así lo hubiera tenido no quería incomodarla. Había pasado en un par de oportunidades por el lugar donde ella trabajaba sin ningún tipo de suerte, a excepción de la mala, claro. Tenía que encontrarla en la casa de la madre. Pero, ¿cuándo? Debía ser un día en el que ella estuviera de visita. Y sabía que era ese domingo. Domingo de pascuas. No sabía si ella iría a ver a la madre, tenía el cincuenta por ciento de posibilidades, dado que la pareja de Poly, también tenía familia. También, ella podía no estar en buenas relaciones con la madre. Busco en su mente todas las peores posibilidades, pero en su corazón había una sola. Encontrarla

– ¡POLYYYYY! – gritó su madre
– ¿QUÉÉÉÉ?
– ¡TELÉFONO!
– ¿Quién es?
– Un tal Ariel
– ¡QUIÉN!

Para Poly no hizo falta más. Escuchar el nombre Ariel, le había desbocado el corazón. Ella sabía que era Germán, lo presentía desde que el teléfono sonó y no lo podía creer. En los dos segundos que tardó en atender el teléfono, una catarata de recuerdos, emociones y sensaciones, la recorrió a modo de corriente eléctrica, entre su corazón, su cabeza y sus pies.

Desde nuestro mundo habíamos estado trabajando junto con Iael, en ver la manera de inyectar en ellos el deseo de volver a verse. Y el objetivo estaba cumplido. A ella también le estaba dando vueltas en la cabeza la idea de llamarlo, solo que se iba a tomar un tiempo más.

Poly tomó el teléfono temblando, del otro lado Germán estaba hecho un cubano en el polo sur.

– ¡Hola!
– ¡Felices pascuas! – intentó decir Germán
– ¡NO TE PUEDO CREER! – gritó ella escondiéndose detrás de su risa nerviosa – ¡Gracias, igualmente! ¿Ariel? – preguntaba mientras no paraba de reír
– Sabés perfectamente que me hubiera gustado llamarme Ariel – dijo él tratando de articular las palabras
– ¡Sí! Lo sé, por eso sabía que eras vos

Hablaron alrededor de cuarenta minutos, se pusieron al tanto de todas sus cosas. Poly ya no trabajaba en el mismo lugar, aunque seguía haciendo el mismo trabajo. Germán por su parte le contó que la empresa para la que trabajaba había cerrado, ahora estaba vendiendo alarmas en la calle, trabajo que si bien le gustaba, le consumía muchas horas del día.

Poly, obviamente, le contó que a pesar de todo era feliz. Había sido mamá.

Una de las cosas que adoraba Poly de Germán eran sus dibujos y moría por las cosas que él le escribía. Pero Germán hacia tiempo que había dejado de hacerlo, lo último que había escrito fue una carta que escribió para ella, carta que jamás le llegó porque él la había dejado en el baúl de su auto. Auto que había vendido hacía dos años y, con el auto se fue el recuerdo, no solo de la carta sino de la primera vez que habían hecho el amor. Y de muchas risas de ella y de infinidad de escapadas clandestinas en soledad.

Pero lo más importante fue que Poly se enteró que Germán estaba solo, que su relación con la novia se había acabado. Por su parte Germán se hizo eco de que Poly no estaba de casualidad en la casa de la madre, sino que ella vivía nuevamente allí. Se había separado y había vuelto a la casa de la madre, a su casa.

Sus corazones palpitaban con más fuerza. Tenían ganas de encontrarse, volver a mirarse a los ojos, sentirse nuevamente, abrazarse, besarse. Pero la prudencia de ambos, en esta oportunidad, se hizo presente y dejaron sus impulsos a un costado. Aunque todos sabemos que eso no podía durar mucho. Se despidieron con la promesa de volver a hablar en los próximos días.

Para mí, al igual que para ellos, comenzaba una nueva etapa. Tenía que delinear bien el plan a ejecutar, no podía volver a fallar. Creí que en esta oportunidad estaban dadas todas las circunstancias. Lo llamé a Iael y lo pedí de reunirnos para contarle las novedades y tratar de que me ayude a trazar el nuevo plan.

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Posted by Fernando Narvaez en junio 28, 2005

– Iael ¿por qué no te preparás unos mates? – pidió Milton mientras tomaba asiento, traía en sus manos un paquete de tortas fritas
– ¿Con cascarita de Limón?
– Las cascaritas… ¿Pueden ser de naranja? – pregunté
– ¡Dejen de mariconear! – gruñó Milton – yerba sola y amargo ¡a lo macho!
– Evidentemente están dispuestos a mortificarme a mansalva en este lugar – agregué

Mientras Iael preparaba el mate, le pregunté a Milton sobre nuestro abandono a los humanos y cómo fue que dejamos de creer en una flor entregada en la mano. A lo que contestó:

“Nunca dejamos de creer en eso, el hombre fue quien lo hizo. Hoy en día la tecnología, llámese Internet o el crecimiento de la telefonía, han hecho que el ser humano ni se levante de la silla para ir a comprar pizza. Lo mismo pasa con las flores. La gente entra en Internet y solo ingresando los datos de su Tarjeta de Crédito logra que llegue un ramo de flores a cualquier parte.”
– Sírvase Milton – interrumpió Iael, entregándole el segundo mate
– La necesidad de trabajo de algunos logró que otros perdieran el romanticismo. Por eso Germán es una muy buena elección. Cuando era chico disfrutaba de ir con su padre a la pizzería, él se tomaba una Coca, el viejo se pedía un vaso de vino tinto y juntos charlaban mientras esperaban las empanadas. De la misma manera lo hace con las flores. Además no tiene tarjeta de crédito para comprar por la red. Aunque no creo que la usara para tal fin.
“Tenés razón, Joani, cuando decís que dejamos de volar sobre los humanos, pero lo hicimos en determinado momento, no los abandonamos por completo. El error que cometimos fue creer en que todos eran iguales. Vos nos están demostrando que no es así.
– ¿De qué me habla cuando me dice que no fue por completo? – interrumpí
– Jamás dejamos que se retirasen los Ángeles de la Guarda. Los niños siguen protegidos hasta que crecen. Pero el tiempo que los cuidan no depende de nosotros, ellos los protegen hasta que maduran. Pero el hombre se ha vuelto demasiado ególatra y sobre todo, omnipotente. Dejó de creer en nosotros. Eligió creer que por sí solo se valía, está convencido que él solo puede con todo.
– ¡Claro! Entonces permitimos que nuestro torpe orgullo invada nuestros corazones y abandonamos nuestra esencia.
– Hay cuestiones que tu joven corazón no va a entender, pero podemos decir que tenés mucha razón.
– Esta bien. Pero ¿qué pasa con toda esa gente, que estoy seguro que es mucha, como Germán y Poly?
– Perdón que los moleste – interrumpió Iael –¡No es micrófono, Milton! ¿Me pasa el mate?
– Si, disculpame – dijo Milton mientras chupaba de la bombilla
– Con respecto a la gente como Poly y Germán – continuó Milton – ¡Cuidado Joani! No solo es mérito tuyo. Estos sujetos se buscaban aún sin conocerse. A su vez necesitaban un camino donde hallarse, buscaban un Ángel y te encontraron a vos. En este caso el mérito es compartido entre la fuerza y la inconciencia de tu corazón y la humildad de los corazones de ellos.
– Pero, entonces tenemos que cambiar nosotros también
– ¡Por supuesto que lo haremos! Y ese cambio será a través tuyo. Ahora entendimos que hay, en algunos corazones, la sencillez necesaria para que volvamos a la Tierra.

Las ideas en mi cabeza empezaban a girar nuevamente. Había algo que no encajaba en toda esta historia.

– Lo que no entiendo es por qué mandaron a Iael a interrumpir mi misión
– Te tengo malas noticias, Joani – dijo Iael mientras se tomaba el cuarto mate consecutivo
– ¿Cuándo me toca el mate, Iael? – Gruñí
– Perdón, Joani. ¡Tomá! Te decía… las malas noticias son que, por ahora, no es el momento para que Germán y Poly estén juntos. Como todos sabemos, Poly no está sola. Me preguntabas en la habitación cómo se podía unir a dos personas en el amor sin lastimar a otras. La respuesta es que es casi imposible lograrlo. Es inevitable que alguien salga herido. En este caso en particular y, por el momento, serán Germán y Poly. Pero el dolor será efímero
– ¿Vos me estás diciendo que mi trabajo no sirvió de nada? – pregunté confundido mientras me quemaba la lengua con la bombilla
– Lo que Iael trata de decirte, es que Poly y Germán están destinados a amarse eternamente, aunque sea en silencio. El máximo dolor que pueden sentir, es el de no poder estar juntos por ahora. Tu trabajo ha sido cumplido. Pero hay que ser paciente, hay círculos que deben cerrarse, como por ejemplo, el de Poly y su pareja
– A ver si entendí. – dije entregándole el mate a Iael – Si el fin es el amor, entonces. ¡Lo logré! Aunque no puedan estar juntos por ahora ¿Pero cómo hago para que sus corazones se llenen de paciencia, Milton?
– Ese ya no es tu trabajo. Es un trabajo privativo del mismo amor. Germán, con el tiempo y a través del amor que siente por Poly, irá entendiendo la situación y dejará que Poly sea feliz con otra persona, si es que eso tiene que ocurrir. De la misma manera lo hará Poly. Los uniste en el amor, y nos demostraste que todavía existe en su estado más simple, más puro. Toda nuestra comunidad te está muy agradecida por ello.
– Pero no me quedo conforme. Necesito seguir adelante con esto y juntarlos en algún momento.
– No me cabe duda que lo lograrás, Joani. Tienes que dejar que las cosas pasen, que el amor trabaje por sí solo. Pronto vas a volver a unirte a ellos, mientras tanto puedes estudiarlos un poco más a fondo
– Es lo que haré, Milton
– ¡Milton! ¿Y si pedimos un champagne para brindar? – preguntó Iael
– ¡Alcohol no! – Grité mientras se me revolvía el estómago
– Muy bien – dijo Milton – brindemos con un jugo de naranja y pidamos unas pizzas
– ¿No era que no había delivery?
– ¡Ja, ja, ja! Somos ángeles, pero hay cosas de los humanos que no están del todo mal – acotó Milton sonriendo y guiñándome un ojo
– ¿Por qué no lo hacemos a la manera de Germán? ¡Vayamos nosotros a buscarlas! – dije
– ¡Muy bueno, Joani! – respondieron a coro – ¿Qué esperamos?
– ¡Vamos! Y después de comer, descansamos un rato que me tengo que ir a limpiar el patio.

(FIN DE LA PRIMERA PARTE)

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Posted by Fernando Narvaez en junio 28, 2005

Mientras esperábamos a Milton en el salón, Iael quiso saber si tenía alguna noticia en el último tiempo de Germán y Poly. Decidí conectarme a Internet desde la computadora de Milton y levantar la información que había dejado grabando. Y observamos el siguiente video:

– ¿Lo conoce a Germán? – Preguntó Bety
– ¡Sí! Hablamos por teléfono siempre cuando le hago los pedidos – Mintió Poly
– ¡Ay, Poly, lo tendría que conocer personalmente! ¡Es divino!

Bety era la esposa del dueño del lugar donde Germán trabajaba. Fue una de las personas a las que tuve que hacer trabajar para mí. Si bien mis flechas habían, al fin y al cabo, cumplido la misión. Una de las precauciones que había tomado era la de rociar a Bety con polvo de estrellas. El polvo de estrellas lo usamos los Ángeles del Amor cuando necesitamos ayuda de alguien humano, para que trabaje por nosotros mientras no estamos en la Tierra. Bety daba el perfil, era casamentera por naturaleza y tenía un gran aprecio por los dos personajes.

Después de haberme enterado de que Poly no estaba sola, tenía que conseguir a alguien que le hablara demasiado a ella de Germán. Y a Bety, además, le encantaba hablar.

Nunca supo Bety del encuentro de ellos y de la relación que habían empezado a mantener. Era una relación que se planteó de entrada con toda la franqueza necesaria, si bien Poly aquella noche no le dijo nada a Germán, fue lo primero que hizo al otro día. Germán aceptó el juego. Sabía que iba a ser difícil, pero Poly tenía lo que él necesitaba y él había conseguido despertar en ella algo que, ella misma, no llegaba a comprender.

Se escapaban siempre, de una manera u otra ella se las arreglaba para verlo, se habían hecho adictos a sus besos, a sus caricias. Y ambos los necesitaban por sobre todas las gentes. Pero en la mente de Poly se presentaba una batalla más que importante, no podía dormir, no se podía concentrar. A Germán le pasaba los mismo, pero es el estado lógico del enamorado.

A Bety se sumó alguien que no había estado en mis planes, su hijo Esteban. Esteban empezó a intercalarse con Bety en cuanto a las visitas al trabajo de Poly y empezó a trabajar para mí gracias a su madre. Nunca estaba de más contar con participaciones involuntarias. Esteban también llevaba y traía comentarios. Esa situación a Germán y Poly los seducía de manera contundente y la consigna era que no se tenían que enterar de su relación. Se divertían con todo eso.

El punto máximo de su diversión fue el día en que la empresa para la cual trabajaba Germán festejó el fin de año. Esteban le había prometido a Germán presentarle a Poly en esa fiesta. Poly había sido invitada expresamente por Bety.

Germán iba a llegar a una hora determinada con algunos de sus compañeros y Poly lo iba a estar esperando cerca de la entrada. Cuando se cruzaron sus miradas fue tal la cantidad de adrenalina generada y tanto el deseo de abrazarse y besarse que no supieron cómo iban a sobrevivir el pequeño tiempo que los separaba de la presentación de Esteban. ¿Cuánto tardaría este sujeto en encontrarla y presentársela? Germán hacía lo imposible por pasearlo cerca del lugar donde estuviera ella. Y Esteban… no la veía. ¡Tenía que besarla ya! Finalmente fue Poly quien lo encontró a Esteban.

– ¡Germán! Vení que la encontré a Poly – se jactó Esteban
– ¡Dejáme que estoy tomando champagne gratis!
– ¡Trae la copa! – apuró

Fue el momento esperado toda la semana. En sus ojos, cuando se cruzaron, había mezcla de deseo y complicidad y ante la mirada perdida de Esteban sus manos transpiradas se apretaban muy fuerte. Charlaron unos instantes pero Germán y Poly descartaron a mi cómplice… rotundamente.

A los dos minutos, estaban arrinconados y besándose desesperadamente contra una de las paredes del patio del lugar. Pasaron toda la noche juntos entre música y copas, sin enterarse del mundo. Amanecieron juntos entreverados en un duelo de caricias y besos. Sus pieles ya no fueron las mismas, se sensibilizaron tanto que hasta el día de hoy, aunque se tengan lejos, se sientan.

Esteban y Bety jamás se enteraron de aquella relación.”

Era el momento de intervenir en la historia, teníamos que meter manos a la obra y dar un golpe de gracia. Hicimos un clic sobre Poly y ejecutamos la siguiente opción: “Sorprender”

“Ese año para Germán había sido un año normal, un año como el de cualquiera. Complicaciones laborales, problemas económicos, etc. Pero había tenido el agridulce sabor de conocerla a Poly, por un lado sabía que era suya; pero por el otro, contaba con la plena certeza de que no la tenía. Sentía una presión extra y decidió que la mañana del 1º de enero partiría de vacaciones junto con un amigo.

Poly siempre tuvo la capacidad de sorprenderlo, de hecho fue la única mujer que al día de hoy, lo sigue sorprendiendo. Esa noche, la del 31 de diciembre y luego de brindar con su familia y al emprender el regreso a su casa, sintió la necesidad de verlo. Él se iría al otro día y por un tiempo no tendría noticias suyas. Pidió a su familia que la lleven en el auto a recorrer los lugares donde estaban siempre con Germán. Jamás lo encontró. ¡Tenía que verlo!

El micro partiría a las 7.30 de la mañana, Germán y Claudio se encontraban en la terminal una hora antes. Luego de desayunar decidieron subir a ocupar sus asientos. Mientras Germán seleccionaba qué disco iba a escuchar en la primera parte del viaje, Claudio no paraba de codearlo.

– ¡No me rompas las bolas a esta hora! – gruñó Germán sin levantar la mirada
– ¡Dame bola tarado! – gritó Claudio sacándole el auricular y codeándolo insistentemente

Cuando Germán levantó la vista no lo pudo creer. Sintió que una pandilla de Ángeles se le había aparecido en el micro. Poly, luego de hablar con el chofer estaba ahí arriba.

– ¿Qué hacés acá?
– ¡Necesitaba verte! Si no te veía me moría – sonrió Poly

Se bajaron del micro antes de que parta y se besaron eternamente delante de aquel chofer. Después de toda la noche buscándolo había decidido encontrarlo. ¡Y lo encontró!

Para él, fue la prueba final de que ella era cosa seria. Y a la vez, no sabía cómo hacer para que ella se quedara definitivamente con él. Sabía que era difícil, pero en algún momento tenía que suceder, solo había que ser paciente. Lo que sí sabía era que sus miradas jamás iban a poder ser la misma para con otras personas. Que sus sentimientos entre sí, jamás cambiarían. Que ni el tiempo, ni la distancia y mucho menos la gente los podrían cambiar.”

En ese momento se abrió la puerta y entró Milton.

– ¿Charlamos un rato? Hay muchas dudas que aclarar y mucho trabajo que hacer, como por ejemplo: Limpiar el Patio
– ¡Charlemos! Pero quiero ver la cláusula del contrato donde dice que tengo que limpiar el patio.

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Posted by Fernando Narvaez en junio 24, 2005

La mañana del domingo 4 de septiembre de 1998, a Eugenio Tallarico lo sorprendió a las tres de la tarde. No tenía claro cuánto había dormido. El cuerpo le zapateaba un malambo en el alma y la cabeza le repicaba como un bombo. Trató de entender de qué forma había llegado hasta aquel parque, pero toda su noche anterior, solo se le hacía presente en forma de “polaroids”, en instantáneas de sentimientos. Intentó deshacer sus pasos pero le resultó imposible. Acarició el recuerdo de las risas de su hermano Pablo y de sus amigos. “¿Dónde estaría Pablo en este momento?” – pensó.

El reloj le marcaba las tres y cuarto de la tarde. Entre mareo y resaca recordó que a las cuatro de la tarde jugaba su River Plate amado. Comenzaba a reconocer el lugar en el que estaba y le pareció que estaría muy bien ir al bar donde siempre se juntaba con sus amigos y su hermano a ver al Millo. Al llegar vio que no había nadie y que el partido tampoco lo estaban pasando. “¡Cierto que se pasó para el martes!”

La primavera venía asomando su hocico en forma de rayos de sol templados. El día estaba hermoso para caminar toda la tarde. Agarró su celular y se dio cuenta de que no le quedaba batería. “¿¡Para que mierda tengo esto!?” – masculló entre dientes, mientras se disponía a buscar un teléfono público para avisar en su casa que no llegaría hasta la noche.

Empezó a caminar decepcionado por no haber encontrado a sus amigos, pero reconfortado por aquel sol primaveral. Se sentía liviano, no tenía hambre y se dedicó un tiempo para pensar. Se acordó de Aurelia, su novia de toda la vida. Él tenía 28 años y la conocía desde los 8. Hacía dos años que no se veían ni se hablaban. Nunca tuvieron en claro por qué. Sin darse cuenta empezó a caminar en dirección de su casa. “¿Y si le toco el timbre? ¿Qué puedo perder? ¡Peor no puedo estar!”

La “Tripy”, así se llamaban entre ellos, vivía enfrente de una plaza en la zona de La Paternal. Eugenio encaró rumbo a su casa desde el rincón opuesto de la misma, cruzándola en diagonal y la vio cuando subía al auto de su padre. Un segundo antes, ella miraba sin ver a través de la plaza, directamente por donde él se acercaba. Eugenio notó, o quiso creer, que de sus ojos brotaban lágrimas. Su corazón fue invadido por la pena y la desazón. La Tripy se subió al auto y se alejó.

Él sabía que los domingos familiares de Aurelia eran sagrados, al mismo tiempo recordaba que esos días, arrancaban mucho más temprano. Se preocupó y decidió esperarla.

Nunca se imaginó que jamás la volvería a ver en esa plaza.

Para hacer tiempo fue hasta la casa de su tía Chiny, “No estaría mal tomar unos mates con los primos y llenar el estómago”

Pero al llegar, vio que tampoco estaba su auto. Tocó el timbre en el viejo caserón, solo aulló su respuesta el viejo Tantor, el mastín de su primo.

Volvió a la plaza decepcionado. Sus amigos no estaban en el bar, la Tripy se había ido en familia y sus primos no estaban. “¡Pablo! ¿Dónde estaba Pablo?”

Sentado en un banco y viendo jugar a los chicos, los recuerdos se le cayeron de la estantería más alta de la biblioteca de la memoria. Recordó sus tardes con Beto, su padre, y con su Pablo del alma. Su padre siempre los llevaba a jugar a la pelota. Hacía un par de años se habían mudado, pero en ese parque habían crecido.

El tiempo fue pasando rodeado de emociones, de risas y de goles convertidos entre los dos árboles que hacían las veces de arco. Se le insertó en la memoria la época en que Pablo, estuvo internado tres días en observación después de que él lo hubiera tirado del tobogán, haciéndole pegar la cabeza contra el piso. Pablo había perdido la conciencia y lo habían hospitalizado de urgencia a los 7 años. La culpa se hacía presente a cada instante en su cabeza y en su corazón. Siempre era igual y lo invadió un extraño sentimiento. “¿Dónde estaba Pablo ahora?”

Cuando aquel hombre se sentó a su lado eran más de las 20. “Hace más de tres horas que estás acá sentado” – le dijo el sujeto. El tipo estaba sentado junto a él hacía más de dos horas, su presencia Eugenio no la notó hasta que lo escuchó. Su voz le dio una mezcla rara de sentimientos: por un lado le infringió nerviosismo, pero por el otro, absoluta calma. “¡Estoy esperando a la Tripy!” – le respondió Eugenio con un asomo de lágrimas en los ojos. “No es éste ni el momento ni el lugar donde vas a volver a verla ¿No es tiempo de que vuelvas a tu casa?

Eugenio no entendió cómo ni por qué, pero se levantó y comenzó a caminar rumbo a su casa. Se había mudado pero a unas 15 cuadras. El corazón empezó a latirle con fuerza. Esa voz le había despertado malos presentimientos.

Las malas noticias circulan con la fuerza de un huracán. Los pies no le daban respuesta y al llegar a la vuelta de su casa, oyó a una vecina que le decía a otra: “¡Lo del chico Tallarico es terrible! ¡La familia está destrozada! Dicen que lo encontraron muerto en un parque, pero no sé bien qué fue lo que pasó”

“¿¡PABLO!? ¡NOOOOOO!”

Corrió sin llegar jamás, esas dos cuadras no pasaron nunca. Los recuerdos se le agolpaban. Y, otra vez, LA CULPA “¿Cómo no pude quedarme con él anoche? ¿Qué le había pasado?”

Se sentó a dos puertas de su casa y lloró. No quería entrar. Pablo estaba muerto y él no había aparecido en todo el día ¿Qué le diría a su familia? Vio que estaba el auto de la Tripy y el de su tía Chiny. Escuchó las voces de sus amigos en el jardín de su casa.

– “¡Tenés que ver la realidad!” – le dijo la misma voz de la plaza – “Entremos, yo te acompaño”
– “¡No quiero ver a mi hermano muerto!
– “¡Vamos!”

El hombre lo tomó del brazo, lo ayudó a levantarse y lo condujo hasta la puerta de su casa.

No miró a nadie, fue directo a la habitación donde estaba su hermano, solo Aurelia lo siguió con la mirada.

Tomó aire frente a la puerta y sintió el aroma de las flores que se escapaba del recinto. Respiró hondo y entró.

El corazón le dio un vuelco. Pablo estaba allí llorando. Lloraba de rodillas junto al cajón. Eugenio comprendió todo. Fue el momento más feliz de su muerte, Pablo estaba bien. Lo invadió la PAZ y la culpa se desvaneció, lo besó en la cabeza sin que su hermano lo notara y se fue.

Afuera todo el mundo estaba triste, solo una persona lo miraba sin verlo

– Siempre te amó y no va a dejar de hacerlo, es una lástima que ninguno de los dos lo haya dicho antes – Le dijo, otra vez ese hombre
– ¿Y vos quién sos?
– Por ahora, llamáme Milton.

Fernando a. Narvaez 

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