Bar del Duende (VI)
Publicado por Maldito Duende en Octubre 29, 2006
(Primera Parte)
Hace muchos años en las profundidades de algún océano, vivía una comunidad de sirenas. Sirenas hermafroditas que parían otras sirenas que parían otras sirenas, continuando así, la secuencia de forma inagotable.
La sirena más antigua de todas, que se jactaba de haber sido una de las tantas que le cantó a Ulises en su regreso a Ítaca, hablaba de la profecía que decía que el ciclo de las sirenas, llegaría a su fin, después de 15 años de que ocurriera lo “inesperado”
La vida en la comunidad transcurrió como en cualquier grupo normal de sirenas: por las mañanas lavaban sus colas y peinaban sus largas cabelleras en el mar que les dio la vida. Tan normal era su vida que, incluso una de ellas, se convirtió en estrella de Disney. La joven sirena es conocida mundialmente como “La Sirenita Ariel”
Pero la profecía, al igual que las de Nostradamus, estaba concebida para cumplirse en algún momento. Un día ocurrió lo “inesperado”
Alma, una de las más bellas sirenas de la congregación se asomó a la playa y permaneció varada entre el mar y la vidriera de una confitería. Allí conoció a un hombre común. De más está decir que se enamoraron perdidamente. Fruto de ése amor, lo “inesperado” se llamó: Tolkien (nombre que recibió por la admiración que tenía su padre hacia Don J.R.R.)
Sobra comentar que lo “inesperado”, fue que Tolkien se convirtió en el primer “sireno” nacido en la comunidad. Sólo quedaban 15 años para que lo que la vieja sirena advertía se cumpliera.
Tolkien, al contrario de lo que se puede llegar a pensar, no pasó su vida como una rareza, sino como el hijo de todas aquellos hermosos seres. Fue mimado e instruido como el mejor de los hijos.
Al cumplir los 15 años, un extraño odio se apoderó de cada una de las sirenas. Pero no el odio agresivo, ni el odio puntual contra una cosa determinada. Todas sintieron en su pecho la necesidad de conocer otros caminos. Desde ese día las sirenas vagan separadas por los mares sin rumbo fijo y con el rechazo hacia sus pares, como nunca en la historia llegó a conocerse.
Para Tolkien el mar se llenó de vacío. Se sintió culpable de todo aquello y abandonado por su propia existencia. Cayó en su propia ausencia y lloró su suerte con lágrimas que, en el mar, ni siquiera se notaban.
Un día, el menos pensado, recibió la visita de un Duende vestido de buzo…
Fernando A. Narvaez
Foto: Tony Brochado (Perdón Tony por no pedir autorización)
Lo que viene: Próximo Miércoles 01/11/2006 - 13 hs (Buenos Aires) la segunda parte de: Bar del Duende (VI)
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